Bien, aqui está el tan esperado reencuentro (?) y como no veo ninguna song que me guste pues pongo un AMV que me gusta mucho MadaIta 8D.
Música: I trust you to be untrustworthy. { Madara x Itachi }
Música: I trust you to be untrustworthy. { Madara x Itachi }
Uno, dos, tres, cuatro. Una y otra vez contaba las vueltas que su dedo le daba al borde de aquel último vaso de whisky. Último vaso porque ya se había metido bastantes entre pecho y espalda. Notaba la lengua pastosa, casi podría jurar que sí movía demasiado la cabeza veía doble y lo más importante; se sentía bien, "feliz", una felicidad ilusoria además de efímera producida por el alcohol que recorría sus venas. Al menos estando borracho no se acordaba de Itachi, lo cual era una ventaja a la hora de buscar a alguien para divertirse un rato. No tendría prejuicios ni se empeñaría en buscar a alguien con el pelo y los ojos negros. Realmente, era un tanto deprimente que sólo se pudiera olvidar del moreno estando borracho, que sólo dejara de sentirse culpable en semejante estado.
Alto, alto, ¡STOP!
Era mejor que no siguiera por ahí. Cuando los tiros empezaban a seguir esa dirección era malo. Por muy borracho que estuviera, como su pusiera a pensar en ese tipo de cosas pasaba de estar en un estado de embriaguez "feliz" a un estado de embriaguez deprimente y eso a la hora de ligar era bastante perjudicial por no decir que en ese tipo de momentos su encanto y nivel de seducción podrían emular perfectamente los de un babuino. Aunque claro, por lo visto aquella noche no tendría que preocuparse de ligar con nadie, o al menos eso era lo que le decía la mano que se había colado hacia su vientre. Una sonrisa ladina se instalo en sus labios y antes de que el otro se arrepintiera de su acción se apoyó en el pecho de dicho sujeto, con los ojos cerrados, sin embargo, pronto el olor a vampiro inundó sus fosas nasales, cosa que provoco que frunciera el ceño con disgusto. ¿¡Otro igual que aquella rubia idiota!?
—Si piensas por un momento que soy un jodido extranjero idiota al que puedas desangrar vas listo, no creo que quieras acabar en el contendor con una vampiresa muy mona que se creía que era su cena —murmuró de mal humor y la voz sumamente pastosa. A pesar de todo, cuando abrió los ojos y alzó el rostro para ver a la persona que mantenía su palma en su vientre. Silencio, total y completo silencio. No sabía que decir, no sabía como reaccionar. Realmente… había bebido de más, no había otra explicación lógica a lo que sus ojos estaban contemplando. Itachi, detrás de él, con la mano en su vientre, mirándole fijamente con sus ojos negros. Tragó saliva lentamente y estiró con extremada lentitud sus brazos hacía él, acariciando con extremada suavidad su mejilla. ¿Era él? ¿Era un producto de esa borrachera el que viera a saber a que tipo como si tuviera la apariencia de su vampiro?
No estaba seguro pero… ¿qué demonios? Estaba borracho, hacía tiempo que no follaba y el hecho de que el otro estuviese tan cerca no ayudaba así que en un acto totalmente impulsivo agarró al moreno del cabello y tiró de él hacia abajo para besarle, devorando con pasión los labios del chico. Tras un rato con los labios pegados a los del contrario (y de paso haciendo que probase un poco del alcohol que había tomado con el sabor de su boca), se levantó del taburete (sin despegarse mucho del moreno) y le arrastró hacía el baño (de caballeros, aunque casi estuvo de meterse en el baño de mujeres). De paso, también prácticamente le arrastró a uno de los habitáculos donde se suponía que se iba a mear y tal, claro que en esos momentos en lo último que pensaba era en usar el inodoro, pues su boca prácticamente te dedicaba a cubrir la de Itachi y sus manos a tratar de colarse bajo su ropa.
¿Cómo mantenía el equilibrio estando con semejante borrachera encima? La práctica suponía. Había estado ya muchas veces borracho a lo largo de los años, había estado de pie sentado, ahora iba a realizar el acto sexual con alguien jodidamente parecido a Itachi. Era algo patético teniendo en cuenta que estaba en el baño de una discoteca cualquiera. Aunque prefería no pensar en eso.
—Espero que tengas condones porque yo no llevo ni uno —susurró contra su oreja, mordisqueándola, enredando los dedos en las hebras negras del vampiro, jugando con estas. Las tenía tan largas como él, suaves, negras. Casi podría jurar que olía igual que su vampiro. Pero era un demonio y los demonios no juraban.
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