Alá, finalmente está terminado xDDDD -le ha costado sudor lágrimas y sangre- Y puede que edite y haga algo más explicito dependiendo de como vea ciertas cosas (?).
Música: Hyadain - Sabin Raps.
Música: Hyadain - Sabin Raps.
Sin Sentidos
Cerró los ojos cuando salió de aquella habitación dejando tras de si, en el interior, algo que había empezado a considerar como lo más valioso de su existencia. Se contuvo de volver la vista atrás, preguntándose si el moreno le seguiría. Seguramente no pero estaba convencido de que terminaría yéndose de aquel lugar cuando se hartase de esperarle. Siempre había visto en su mirada el deseo de ver lo que había más allá de aquellas cuatro paredes. No tenía sentido mantenerle preso, no le estaba ayudando, sólo había conseguido que Itachi fuera completamente dependiente.
Y joder, eso no estaba bien. Quería lo mejor para el moreno y dios sabía que él no era precisamente lo mejor para nadie. Un suspiro pesado escapó de sus labios y lo primero que hizo tras abandonar aquel edificio fue perderse entre la gente de la calle, andando rápido, notando la sensación de querer echarse a correr azotar sus piernas, sin embargo, se contuvo y simplemente se dirigió al lugar en el que había cazado ya unas cuantas presas. ¿La razón? Necesitaba sentarse, pensar y coger algo de ropa. ¿Como podía hacerlo en una casa que no era suya?
Bueno, su dueño estaría muerto y la puerta seguramente seguiría abierta o quizá sólo tendría que forzarla y si había alguien dentro con acabar con la patética existencia del humano bastaba. Aunque cuando llegó lo único que tuvo que hacer fue forzarla, entrar en la habitación e ir a la cama para sentarse en ella. Su expresión denotaba una tranquilidad que no sentía interiormente. Al menos, ahora que estaba solo podría pensar las cosas con más calma y obviamente a la primera persona a la que volaron sus pensamientos fue al vampiro que acababa de dejar "libre".
—Estará mejor sin mi —susurró para si cerrando los ojos al recordar el brillo de los ojos de Itachi al salir de la habitación. Había parecido tan... feliz, tan curioso por todo lo que veía. Se frotó las sienes cansados, había hecho lo mejor para los dos, es decir, estaba pensando en lo importante que era ese estúpido mocoso para él. ¡Se había ablandado por su culpa...! ¿A quien trataba de engañar? Ablandado... no era ni la quinta parte de lo que pasaba. Lo que sentía le torturaba. Le había obligado a permanecer encerrado, ¿qué clase de respuesta le esperaba si le decía que empezaba a sentir algo más profundo por él?
Además... era imposible que alguien sintiera algo más que lástima por un ser tan despreciable como él lo era. Tampoco es como si tuviera intenciones de cambiar pero... no estaba seguro de ser capaz de verle huir de él. Maldita sea, había sentido como si algo se parase dentro de él cuando perdió al otro de vista. Casi quiso reír resignado. Si aquello le había sentado mal no estaba seguro de como haría para no ir a visitarle. Aunque en realidad sólo tenía que convencerse de que el otro se había marchado. Le había dejado la puerta abierta, así que estaba seguro de que no esperaría mucho antes de irse de aquel lugar.
Estaba perdiendo el tiempo en aquel lugar, pensando en cosas que había decidido que no tenían solución así que tras un rato se levantó, yendo directo al armario, abriéndolo y cogiendo toda la ropa que vio la cual seguramente le estaría grande a juzgar por la talla que el hombre al que arrastró en aquella ocasión había tenido. Lo metió todo en una maleta que había allí tirada y la cogió. ¿Qué iba a hacer en esos momentos? Bueno, salir del país era una opción más que viable, es más, cuando salió de aquel lugar cogió un taxi directo hacia el aeropuerto. Tenía dinero, si quisiera comprar un avio podría pero eso es un tema aparte.
¿Su nuevo destino? Cuanto más alejado de aquel país estuviera mejor. No más recuerdos, no más intentos de cuidar a alguien, de enseñar nada a nadie. Al menos ya no le quedaban pedazos de su corazón que entregar. Alguien se los había quedado todos. Pero como iba diciendo, Madara emprendió un viaje, bueno, varios, fue viajando con el pasar del tiempo, sin quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, evitando tener el llamado hogar. Paso mucho tiempo hasta que un día, por una decisión espontánea, decidió ir a visitar Alemania, concretamente la capital de aquel país.
Hacía tanto tiempo que no pisaba el suelo alemán que de no haber sido un demonio seguramente se habría sorprendido del cambio tan drástico que había llegado a tener aquel trozo de tierra. Aunque era bien cierto que si había algo que no solía cambiar mucho de cada país que visitaba era el clima. El frío característico de ese lugar le invadió nada más poner un pie fuera del aeropuerto. Había olvidado que en aquel lugar enero era sinónimo de invierno y no había cogido nada de abrigo. No le dio mayor importancia de todas formas y caminó por las calles berlinesas, mirando a su alrededor de tanto en tanto y antes de que se diera cuenta sus pasos le llevaron a un lugar que se había propuesto olvidar hacia mucho tiempo.
Chasqueó la lengua con desagrado al verse de nuevo en aquel callejón y tras estar parado durante un buen rato sin hacer nada se sentó encima del contenedor que allí había. Era curioso, la ciudad había cambiado, la gente había cambiado y sin embargo... había cosas que no cambiaban. Estaba sorprendido de que aquel lugar siguiera en pie pero como siempre, su rostro no mostró signo alguno de haber reconocido algo. Tras varios minutos en aquel lugar pensó que nada ganaría estando allí sentado como un idiota. Tenía que buscar un hotel para pasar la noche, además, ya estaba anocheciendo y eso sólo significaba una cosa... vampiros a la calle.
Alisó un poco su camisa y buscó algún lugar que pareciera decente o un motel destartalado, tampoco le importaba precisamente. Aquel día no entraba dentro de sus planes ligar con nadie... claro que muchas veces no todo sale como esperamos. Eran ya las doce de la noche pasadas y no podía dormir así que decidió dar un paseo nocturno por las calles de Berlín. Había oído de unos turistas aquella tarde que la catedral de Berlín era hermosa por la noche, sin embargo, cuando posó sus ojos negros por aquel trozo de piedra construida no sintió nada, quizá porque el sentimiento del cual estaba impregnada aquella arquitectura era esa cosa llamada "fe" que siempre le había provocado escepticismo.
—Vaya, vaya, de todos los lugares en los que pensé que algún día podríamos volver a vernos... si te soy sincero este es el último en el que había pensado —la voz sonó demasiado cerca de su oreja para su gusto. A pesar de que reconocía la voz (se había quedado clavada en su memoria). Un pequeño gruñido escapó de sus labios y giró su rostro hacía la persona que permanecía agachado con el rostro pegado a su oreja aún.
—¿Volver a vernos? ¿Debo sentirme orgulloso de que quisieras volver a verme? —preguntó, con la burla impregnando sus palabras y los ojos negros clavados en los azules del vampiro rubio que simplemente sonrío con mofa.
—¿Debo suponer que mi regalo no te gusto? —preguntó, olisqueando el cuello de Madara—. Es difícil olvidar el sabor de tu sangre —murmuró roncamente, apresando el delgado cuerpo entre sus musculosos brazos, atrayéndole hacía él, casi como si quisiera hundirle en la oscuridad de su cuerpo—. He buscado como loco volver a probarlo pero los otros demonios con los que me he topado eran bastante escépticos a la hora de dejar que les mordiese.
—¿Qué novedad? —preguntó, inexpresivo, cerrando los ojos molesto al sentir los colmillos del vampiro incrustarse en su cuello, bebiendo ávidamente. Joder, había olvidado que los vampiros puros, los que no son convertidos por otros si no que nace por la mutación humana una vez probaban la sangre demoníaca se hacían adicta a ésta y luego la perseguían como un drogadicto busca su heroína. ¡Si hasta se estaba alimentando en plena calle! No sin algo de esfuerzo, consiguió separar al vampiro de su cuerpo, tapándose el cuello mientras este se relamía—. Tsk... vayamos a otro sitio —expresó no sin cierto hastío. Agarrando de la muñeca al alemán para tirar de él sin ningún cuidado, llevándole al motel donde se alojaba.
Al menos allí podría ocultar la sangre y ya que iba a tener a ese gilipollas detrás mientras permaneciera en Alemania podría darse algo de "alegría" al cuerpo. Ni siquiera puso un pie dentro de la habitación y ya se vio azotado contra la cama, acorralado mientras el vampiro rubio, volvía a buscar con desesperación su cuello, bebiendo como un sediento en el desierto.
—Parece que llevas mucho tiempo en abstinencia, vampiro —se burló el demonio, ganándose un gruñido de parte del de ojos más claros así como un pellizco en su cadera. Madara gruñó con desagrado, detestaba ser considerado comida, detestaba SER la comida de alguien así que más le valía a ese idiota ser un buen polvo o lo mandaría a la mierda directamente. Por suerte (para el vampiro) éste pareció escuchar sus pensamientos pues antes de que pudiera intentar separar al alemán de su cuerpo, éste ya le había girado para prácticamente devorar sus labios, llegando a notar pegada a su muslo la erección que tenía su amante de turno.
—No puedes huir de mi, demonio. Iré a buscarte —murmuró en su oído, quitándole rápidamente la ropa para arañar la piel ajena hasta dañarla, hasta conseguir que el olor salado de la sangre quedase impregnado en la habitación. Aquella noche le poseyó sin ningún tipo de preparación, casi como si quisiera marcar la piel de Madara con desesperación. Intentos fútiles pues la piel de Madara jamás le pertenecería. Su piel había sido marcada hacía ya demasiado tiempo y la marca aún permanecía demasiado fresca como para que alguien que no le importaba en absoluto pudiera hacerla cicatrizar.
A la mañana siguiente, aprovechando que los vampiros dormían salió de la habitación sin hacer ningún ruido, ya vestido y con la maleta en las manos. Ver de nuevo a aquel hombre había abierto viejas heridas que creía ya habían sido cerradas y para su desgracia, su mente no paraba de repetirle que volviese a aquel lugar, a aquella habitación, que comprobase que ese vampiro idiota no era tan idiota como siempre había creído. Así que en cuanto pudo, cogió el primer avión que salía al lugar que tanto había estado evitando.
El olor a carne podrida azotó su nariz con fuerza instándole en un primer momento a quedarse en la puerta y no entrar a ese nido de muerte pero tras unos segundos de duda, algo dentro de él le obligo a internarse en la habitación y buscar el interruptor con la mano para presionarlo, haciendo que una débil luz iluminara el lugar. Huesos humanos adornaban el lugar, las sabanas estaban cubiertas de la sangre de los infelices que habían pisado aquella habitación y Madara no pudo hacer nada más que sentir como algo dentro de él se calmaba. Itachi no estaba allí.
Avanzó con cuidado de no manchar sus zapatos con la sangre reseca o con la carne putrefacta que aun quedaba por allí y en cuanto estuvo palmo a palmo con la cama se sentó en ella. Recordando algo en lo que había estado tratando de evitar pensar. Habían pasado años y seguía viendo todo aquello como un sinsentido. Era estúpido que su mente volviera una y otra vez a la persona que había liberado de su yugo.
—Soy patético —expresó, riendo resignadamente. Dejándose caer en la cama para cerrar los ojos. Tenía claro que dormir en un lugar así no era precisamente lo más adecuado para su salud pero empezaba a notar como la pereza le invadía por lo que estuvo varias horas en aquella postura antes de decidir a largarse de allí. Sólo esperaba que Itachi fuera capaz de cuidarse sólo y que hubiese aprendido a vivir como un vampiro normal. Sin llamar la atención y esas cosas. Suspiró pesadamente antes de coger un taxi para dirigirse a coger un nuevo avión que le llevaría a un nuevo destino. ¿Durante cuanto tiempo más iba a echarle de menos?
España, conocida en una época como la tierra donde nunca se pone el sol. Ahora era una simple península, un país pequeño que no podía competir contra las grandes potencias. Un país que pasaba desapercibido ante los ojos de las grandes naciones, que parecía sólo servir para pasar las vacaciones por su clima agradable. Llevaba ya una semana allí, disfrutando del paisaje medio rural de algunas zonas e ignorando el bullicio de las grandes ciudades. Sin embargo, aquella noche se encontraba paseando por las calles de Madrid, el bullicio azotaba el lugar por lo que, tratando de pasar desapercibido decidió atravesar uno de los callejones oscuros de la capital española.
—Oye, guapo, ¿te apetece pasar una noche divertida conmigo? —la pregunta le tomó algo desprevenido así como el hecho de que aquella mujer le asaltara en pleno callejón, enredando sus brazos de serpiente en su cuello, pegando su voluptuoso pecho a su espalda. Ni siquiera pudo decir que no le interesaba, antes de que abriese la boca ya tenía los colmillos de la vampira incrustados en su cuello sin ningún cuidado, bebiendo de él. Gruñó con fuerza, estando ya hasta las narices de que todo los vampiros de la ciudad pensasen que era su cena o algo por el estilo sólo por ser extranjero así que aquella vez no se contuvo y atravesó a la chica el pecho con una mano.
—Tsk... por tu culpa tendré que buscar algún lugar donde limpiarme —masculló a la vampiresa que yacía muerta en el suelo, cogió el cadáver sin ningún cuidado y lo echó dentro del cubo de la basura y tapando su mano ensangrentada como pudo se deslizo dentro de una de las discotecas de aquella zona. Una vez dentro del lugar se dio cuenta de que la música era extraña en comparación a otras discotecas en las que había estado, sin embargo, no le prestó la mayor importancia. Fue directo al baño y allí lavó su mano hasta que dejo de tener aquel color carmesí en su piel.
Al salir del baño, fue directo hasta la barra, ya que estaba allí aprovecharía para beber un rato. Quizá de paso se emborracharía. Ni siquiera se había percatado de la sangre que aun permanecía pegada a su cuello así como de que las marcas de los incisivos de aquella mujer aún permanecían en su piel. Si lo hubiera hecho... quizá sólo habría llegado a pensar "puta vampiresa" y lo habría dejado pasar igual.
—Un whisky, doble —le gruñó al camarero. Apoyándose algo más en la barra de la discoteca, pensando seriamente en las ventajas y desventajas de emborracharse y en si tenia ganas de acabar en la cama de alguna mujer o de algún hombre. ¿Qué coño? Estaba aburrido. Cuando lo tuvo enfrente se bebió el vaso de whisky de un trago y pidió otro. Decidido, se ligaría al primero que le entrase, fuera hombre o mujer... pero se lo ligaría después de estar borracho. Jodidamente borracho. Tan borracho que no consiguiera distinguir entre un vampiro convertido y uno nacido.
Y joder, eso no estaba bien. Quería lo mejor para el moreno y dios sabía que él no era precisamente lo mejor para nadie. Un suspiro pesado escapó de sus labios y lo primero que hizo tras abandonar aquel edificio fue perderse entre la gente de la calle, andando rápido, notando la sensación de querer echarse a correr azotar sus piernas, sin embargo, se contuvo y simplemente se dirigió al lugar en el que había cazado ya unas cuantas presas. ¿La razón? Necesitaba sentarse, pensar y coger algo de ropa. ¿Como podía hacerlo en una casa que no era suya?
Bueno, su dueño estaría muerto y la puerta seguramente seguiría abierta o quizá sólo tendría que forzarla y si había alguien dentro con acabar con la patética existencia del humano bastaba. Aunque cuando llegó lo único que tuvo que hacer fue forzarla, entrar en la habitación e ir a la cama para sentarse en ella. Su expresión denotaba una tranquilidad que no sentía interiormente. Al menos, ahora que estaba solo podría pensar las cosas con más calma y obviamente a la primera persona a la que volaron sus pensamientos fue al vampiro que acababa de dejar "libre".
—Estará mejor sin mi —susurró para si cerrando los ojos al recordar el brillo de los ojos de Itachi al salir de la habitación. Había parecido tan... feliz, tan curioso por todo lo que veía. Se frotó las sienes cansados, había hecho lo mejor para los dos, es decir, estaba pensando en lo importante que era ese estúpido mocoso para él. ¡Se había ablandado por su culpa...! ¿A quien trataba de engañar? Ablandado... no era ni la quinta parte de lo que pasaba. Lo que sentía le torturaba. Le había obligado a permanecer encerrado, ¿qué clase de respuesta le esperaba si le decía que empezaba a sentir algo más profundo por él?
Además... era imposible que alguien sintiera algo más que lástima por un ser tan despreciable como él lo era. Tampoco es como si tuviera intenciones de cambiar pero... no estaba seguro de ser capaz de verle huir de él. Maldita sea, había sentido como si algo se parase dentro de él cuando perdió al otro de vista. Casi quiso reír resignado. Si aquello le había sentado mal no estaba seguro de como haría para no ir a visitarle. Aunque en realidad sólo tenía que convencerse de que el otro se había marchado. Le había dejado la puerta abierta, así que estaba seguro de que no esperaría mucho antes de irse de aquel lugar.
Estaba perdiendo el tiempo en aquel lugar, pensando en cosas que había decidido que no tenían solución así que tras un rato se levantó, yendo directo al armario, abriéndolo y cogiendo toda la ropa que vio la cual seguramente le estaría grande a juzgar por la talla que el hombre al que arrastró en aquella ocasión había tenido. Lo metió todo en una maleta que había allí tirada y la cogió. ¿Qué iba a hacer en esos momentos? Bueno, salir del país era una opción más que viable, es más, cuando salió de aquel lugar cogió un taxi directo hacia el aeropuerto. Tenía dinero, si quisiera comprar un avio podría pero eso es un tema aparte.
¿Su nuevo destino? Cuanto más alejado de aquel país estuviera mejor. No más recuerdos, no más intentos de cuidar a alguien, de enseñar nada a nadie. Al menos ya no le quedaban pedazos de su corazón que entregar. Alguien se los había quedado todos. Pero como iba diciendo, Madara emprendió un viaje, bueno, varios, fue viajando con el pasar del tiempo, sin quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, evitando tener el llamado hogar. Paso mucho tiempo hasta que un día, por una decisión espontánea, decidió ir a visitar Alemania, concretamente la capital de aquel país.
Hacía tanto tiempo que no pisaba el suelo alemán que de no haber sido un demonio seguramente se habría sorprendido del cambio tan drástico que había llegado a tener aquel trozo de tierra. Aunque era bien cierto que si había algo que no solía cambiar mucho de cada país que visitaba era el clima. El frío característico de ese lugar le invadió nada más poner un pie fuera del aeropuerto. Había olvidado que en aquel lugar enero era sinónimo de invierno y no había cogido nada de abrigo. No le dio mayor importancia de todas formas y caminó por las calles berlinesas, mirando a su alrededor de tanto en tanto y antes de que se diera cuenta sus pasos le llevaron a un lugar que se había propuesto olvidar hacia mucho tiempo.
Chasqueó la lengua con desagrado al verse de nuevo en aquel callejón y tras estar parado durante un buen rato sin hacer nada se sentó encima del contenedor que allí había. Era curioso, la ciudad había cambiado, la gente había cambiado y sin embargo... había cosas que no cambiaban. Estaba sorprendido de que aquel lugar siguiera en pie pero como siempre, su rostro no mostró signo alguno de haber reconocido algo. Tras varios minutos en aquel lugar pensó que nada ganaría estando allí sentado como un idiota. Tenía que buscar un hotel para pasar la noche, además, ya estaba anocheciendo y eso sólo significaba una cosa... vampiros a la calle.
Alisó un poco su camisa y buscó algún lugar que pareciera decente o un motel destartalado, tampoco le importaba precisamente. Aquel día no entraba dentro de sus planes ligar con nadie... claro que muchas veces no todo sale como esperamos. Eran ya las doce de la noche pasadas y no podía dormir así que decidió dar un paseo nocturno por las calles de Berlín. Había oído de unos turistas aquella tarde que la catedral de Berlín era hermosa por la noche, sin embargo, cuando posó sus ojos negros por aquel trozo de piedra construida no sintió nada, quizá porque el sentimiento del cual estaba impregnada aquella arquitectura era esa cosa llamada "fe" que siempre le había provocado escepticismo.
—Vaya, vaya, de todos los lugares en los que pensé que algún día podríamos volver a vernos... si te soy sincero este es el último en el que había pensado —la voz sonó demasiado cerca de su oreja para su gusto. A pesar de que reconocía la voz (se había quedado clavada en su memoria). Un pequeño gruñido escapó de sus labios y giró su rostro hacía la persona que permanecía agachado con el rostro pegado a su oreja aún.
—¿Volver a vernos? ¿Debo sentirme orgulloso de que quisieras volver a verme? —preguntó, con la burla impregnando sus palabras y los ojos negros clavados en los azules del vampiro rubio que simplemente sonrío con mofa.
—¿Debo suponer que mi regalo no te gusto? —preguntó, olisqueando el cuello de Madara—. Es difícil olvidar el sabor de tu sangre —murmuró roncamente, apresando el delgado cuerpo entre sus musculosos brazos, atrayéndole hacía él, casi como si quisiera hundirle en la oscuridad de su cuerpo—. He buscado como loco volver a probarlo pero los otros demonios con los que me he topado eran bastante escépticos a la hora de dejar que les mordiese.
—¿Qué novedad? —preguntó, inexpresivo, cerrando los ojos molesto al sentir los colmillos del vampiro incrustarse en su cuello, bebiendo ávidamente. Joder, había olvidado que los vampiros puros, los que no son convertidos por otros si no que nace por la mutación humana una vez probaban la sangre demoníaca se hacían adicta a ésta y luego la perseguían como un drogadicto busca su heroína. ¡Si hasta se estaba alimentando en plena calle! No sin algo de esfuerzo, consiguió separar al vampiro de su cuerpo, tapándose el cuello mientras este se relamía—. Tsk... vayamos a otro sitio —expresó no sin cierto hastío. Agarrando de la muñeca al alemán para tirar de él sin ningún cuidado, llevándole al motel donde se alojaba.
Al menos allí podría ocultar la sangre y ya que iba a tener a ese gilipollas detrás mientras permaneciera en Alemania podría darse algo de "alegría" al cuerpo. Ni siquiera puso un pie dentro de la habitación y ya se vio azotado contra la cama, acorralado mientras el vampiro rubio, volvía a buscar con desesperación su cuello, bebiendo como un sediento en el desierto.
—Parece que llevas mucho tiempo en abstinencia, vampiro —se burló el demonio, ganándose un gruñido de parte del de ojos más claros así como un pellizco en su cadera. Madara gruñó con desagrado, detestaba ser considerado comida, detestaba SER la comida de alguien así que más le valía a ese idiota ser un buen polvo o lo mandaría a la mierda directamente. Por suerte (para el vampiro) éste pareció escuchar sus pensamientos pues antes de que pudiera intentar separar al alemán de su cuerpo, éste ya le había girado para prácticamente devorar sus labios, llegando a notar pegada a su muslo la erección que tenía su amante de turno.
—No puedes huir de mi, demonio. Iré a buscarte —murmuró en su oído, quitándole rápidamente la ropa para arañar la piel ajena hasta dañarla, hasta conseguir que el olor salado de la sangre quedase impregnado en la habitación. Aquella noche le poseyó sin ningún tipo de preparación, casi como si quisiera marcar la piel de Madara con desesperación. Intentos fútiles pues la piel de Madara jamás le pertenecería. Su piel había sido marcada hacía ya demasiado tiempo y la marca aún permanecía demasiado fresca como para que alguien que no le importaba en absoluto pudiera hacerla cicatrizar.
A la mañana siguiente, aprovechando que los vampiros dormían salió de la habitación sin hacer ningún ruido, ya vestido y con la maleta en las manos. Ver de nuevo a aquel hombre había abierto viejas heridas que creía ya habían sido cerradas y para su desgracia, su mente no paraba de repetirle que volviese a aquel lugar, a aquella habitación, que comprobase que ese vampiro idiota no era tan idiota como siempre había creído. Así que en cuanto pudo, cogió el primer avión que salía al lugar que tanto había estado evitando.
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El olor a carne podrida azotó su nariz con fuerza instándole en un primer momento a quedarse en la puerta y no entrar a ese nido de muerte pero tras unos segundos de duda, algo dentro de él le obligo a internarse en la habitación y buscar el interruptor con la mano para presionarlo, haciendo que una débil luz iluminara el lugar. Huesos humanos adornaban el lugar, las sabanas estaban cubiertas de la sangre de los infelices que habían pisado aquella habitación y Madara no pudo hacer nada más que sentir como algo dentro de él se calmaba. Itachi no estaba allí.
Avanzó con cuidado de no manchar sus zapatos con la sangre reseca o con la carne putrefacta que aun quedaba por allí y en cuanto estuvo palmo a palmo con la cama se sentó en ella. Recordando algo en lo que había estado tratando de evitar pensar. Habían pasado años y seguía viendo todo aquello como un sinsentido. Era estúpido que su mente volviera una y otra vez a la persona que había liberado de su yugo.
—Soy patético —expresó, riendo resignadamente. Dejándose caer en la cama para cerrar los ojos. Tenía claro que dormir en un lugar así no era precisamente lo más adecuado para su salud pero empezaba a notar como la pereza le invadía por lo que estuvo varias horas en aquella postura antes de decidir a largarse de allí. Sólo esperaba que Itachi fuera capaz de cuidarse sólo y que hubiese aprendido a vivir como un vampiro normal. Sin llamar la atención y esas cosas. Suspiró pesadamente antes de coger un taxi para dirigirse a coger un nuevo avión que le llevaría a un nuevo destino. ¿Durante cuanto tiempo más iba a echarle de menos?
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España, conocida en una época como la tierra donde nunca se pone el sol. Ahora era una simple península, un país pequeño que no podía competir contra las grandes potencias. Un país que pasaba desapercibido ante los ojos de las grandes naciones, que parecía sólo servir para pasar las vacaciones por su clima agradable. Llevaba ya una semana allí, disfrutando del paisaje medio rural de algunas zonas e ignorando el bullicio de las grandes ciudades. Sin embargo, aquella noche se encontraba paseando por las calles de Madrid, el bullicio azotaba el lugar por lo que, tratando de pasar desapercibido decidió atravesar uno de los callejones oscuros de la capital española.
—Oye, guapo, ¿te apetece pasar una noche divertida conmigo? —la pregunta le tomó algo desprevenido así como el hecho de que aquella mujer le asaltara en pleno callejón, enredando sus brazos de serpiente en su cuello, pegando su voluptuoso pecho a su espalda. Ni siquiera pudo decir que no le interesaba, antes de que abriese la boca ya tenía los colmillos de la vampira incrustados en su cuello sin ningún cuidado, bebiendo de él. Gruñó con fuerza, estando ya hasta las narices de que todo los vampiros de la ciudad pensasen que era su cena o algo por el estilo sólo por ser extranjero así que aquella vez no se contuvo y atravesó a la chica el pecho con una mano.
—Tsk... por tu culpa tendré que buscar algún lugar donde limpiarme —masculló a la vampiresa que yacía muerta en el suelo, cogió el cadáver sin ningún cuidado y lo echó dentro del cubo de la basura y tapando su mano ensangrentada como pudo se deslizo dentro de una de las discotecas de aquella zona. Una vez dentro del lugar se dio cuenta de que la música era extraña en comparación a otras discotecas en las que había estado, sin embargo, no le prestó la mayor importancia. Fue directo al baño y allí lavó su mano hasta que dejo de tener aquel color carmesí en su piel.
Al salir del baño, fue directo hasta la barra, ya que estaba allí aprovecharía para beber un rato. Quizá de paso se emborracharía. Ni siquiera se había percatado de la sangre que aun permanecía pegada a su cuello así como de que las marcas de los incisivos de aquella mujer aún permanecían en su piel. Si lo hubiera hecho... quizá sólo habría llegado a pensar "puta vampiresa" y lo habría dejado pasar igual.
—Un whisky, doble —le gruñó al camarero. Apoyándose algo más en la barra de la discoteca, pensando seriamente en las ventajas y desventajas de emborracharse y en si tenia ganas de acabar en la cama de alguna mujer o de algún hombre. ¿Qué coño? Estaba aburrido. Cuando lo tuvo enfrente se bebió el vaso de whisky de un trago y pidió otro. Decidido, se ligaría al primero que le entrase, fuera hombre o mujer... pero se lo ligaría después de estar borracho. Jodidamente borracho. Tan borracho que no consiguiera distinguir entre un vampiro convertido y uno nacido.
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