Cuando observó el rostro ajeno, la indiferencia se plantó en el propio. Sabía perfectamente que era él. No había olvidado ningún detalle su rostro después de todo. Su voz era exactamente igual a la que como la recordaba, solo que esta vez no pronunciaba las mismas palabras que había escuchado la última vez. Cerró los ojos por unos segundo sintiendo su cálida mano en su mejilla. Ese leve roce despertó sentimientos dormidos en su interior, y estos se abrumaron cuando sus ojos se encontraron de nuevo. Le observó durante unos eternos segundos, notando el alcohol en su aliento.
Los primeros pensamientos que parecieron claros en su mente fueron que seguro el demonio no se acordaría de lo que pasaría esa noche. Que estaba borracho y por eso no huía de él. Por ello no corría a esconderse de nuevo de él. Pero no iba a permitir que de nuevo se alejase de su lado, nunca más.
De pronto sus labios notaron los del mayor en su superficie. Cerró los ojos de nuevo, sin saber cómo reaccionar, algo dentro de él volvía a doler, y ese sentimiento era mucho más hiriente que cualquier herida física. Comenzó a responder a su demandante beso cuando el otro se levantó, y sin saber muy bien por qué, pronto se encontró cerca del baño. Las cálidas manos de su amado se perdían entre su ropa y las notaba en su vientre, pero no conseguía reaccionar del todo. Es más, no lo hizo hasta escuchar su voz de nuevo. Intentó mirarle a los ojos, pero el otro se dedicaba a jugar con su oreja.
¿Condones?...Aún el otro no había dicho su nombre y eso le resultaba extraño. Llevó una mano al cabello ajeno, acariciándole levemente, sin poder creérselo, pero pronto lo comprendió. Madara no le había reconocido, o no quería hacerlo, él otro solo quería sexo. Sexo con cualquiera…. No con él… Madara no lo había buscado en todo este tiempo… Se había olvidado de él. Se había olvidado de Itachi. De ese pequeño vampiro que estaba profundamente enamorado de él… Solo había sido un experimento de un demonio, no… Madara nunca había sentido aprecio por él… Nunca…aunque lo hubiese esperado 50 años encerrado en aquella mugrosa y asquerosa habitación… y hubiese estado 20 años buscándole… Definitivamente no era nada para él… Pero Itachi ya no existía.
Itachi había muerto hace 20 años, cuando salió de aquella habitación, ya que él era Ryu, un vampiro que solo buscaba sexo y sangre. Pronto se aferró a ese pensamiento mientras metía la mano por debajo de la camisa del mayor, acariciaba su espalda con una uña. Sí… Cerró los ojos por unos segundos mientras se convencía en que aquel ser que estaba entre sus brazos besándole, era solo un mero objeto…el cual debía ser maltratado… Él cual debía sufrir. Madara iba a ser su víctima esta vez. Ahora no tenía sentimientos, ahora le tocaba hacerle sufrir.
Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro mientras la palabra tortura aparecía escrita en su mente. Con su otra mano cogió las de Madara, acariciándolas, lentamente, como si le estuviese mimando, pero en realidad le estaba inmovilizando sin que el otro se diese cuenta. El hecho de que estuviese borracho le ayudaba muchísimo. Cuando por fin consiguió cortar la movilidad del demonio se acercó a su oreja, calculando las palabras que iba a pronunciar.
— ¿Condones?... ¿No crees que es un poco tarde para utilizarlos? —Susurró con malicia—Conmigo nunca los usaste… Además— Hizo que se voltease y la espalda del mayor chocase contra su pecho. Desde esa posición tenía mejor acceso a lo que quería tocar—Presiento que no te harán falta.
Sin decir nada más rompió la camisa del mayor, esta prenda la utilizó para atarle las manos a la espalda, y así tener las propias libres. Comenzó a apoyarse en el demonio, empotrándole contra la pared sin cuidado alguno, esperando con ansia escuchar sus gritos. Agradeciendo que la propia música de la discoteca fuera el aislante perfecto para ellos.
—Puedes gritar todo lo que quieras, Madara—susurró en su oreja, pronunciando lentamente su nombre—Pero, nadie vendrá… Te voy a comer…
Lamió lentamente su cuello, tocando con sus colmillos la pálida piel, hasta que finalmente los clavó con saña en esta delicada parte de su anatomía. Los separó nada más abrir la herida, para observar con júbilo como su preciada sangre, cálida y carmesí, recorría su cuello y caía al suelo en completo silencio. Tras unos segundos de observación, comenzó a lamer ese exquisito manjar. Clavó de nuevo sus colmillos en la herida, bebiendo sin ningún cuidado, cerrando los ojos. Definitivamente esa sangre era la mejor que había probado desde hacía años.
Separó la boca de su cuello, tras lamer la herida para que parase de sangrar, no quería que perdiese el conocimiento, no aún. La noche era demasiado joven para que se desmayase al principio del nuevo juego. Con su mano derecho jaló del cabello de Madara, mientras que con la izquierda se dedicaba a arañar lenta e irregularmente su espalda. Sin esperar muchos tiempo le clavó las uñas, observando con regocijo como la sangra brotaba de esas nuevas heridas. Se lamió lentamente los dedos mientras esperaba que nunca hubiesen tratado así a su “querido” Madara. Una sádica sonrisa se dibujó en su rostro mientras el pantalón ajeno caía al suelo.
Su trasero fue enseguida observado con cierta curiosidad por el vampiro. Enojándose ante la idea de que cualquier otro lo hubiese tocado antes que él. O que el mayor se hubiese dejado tocar… Estas ideas solo provocaban que su ira aumentase y le tratase con mayor desprecio aún. Le abrió las piernas con la rodilla mientras lamía levemente su nuca.
—Me pregunto si debería pagarte por esto… Pareces una puta….dejándote follar tan fácilmente— se rió levemente en su oreja mientras que con una mano agarraba su miembro—Quizás deba decirte mi nombre para que lo grites mientras te la meto… Ryu, recuérdalo bien…porque quizás debería decirte que maté a alguien a que conocías…
Cerró los ojos apartándose de su oreja y dejó de pensar, pasando a ser un ser totalmente irracional, era la mejor manera para que el demonio al que tanto apreciaba pagase por su crueldad. Se bajó la cremallera de los pantalones con lentitud, eliminándolas dudas que amenazaban los actos futuros. Su pantalón se deslizó con cuidado, bajándose hasta la altura de las rodillas. No necesitaba nada más. Si ocurría lo que tenía que ocurrir, Madara sería por siempre suyo, y eso lo que había deseado desde hace muchísimo tiempo.
Finalmente se decidió y acercó a su erecto miembro a la entrada de Madara. No iba a ser amable, él tampoco fue al dejarle abandonado. Una mano acarició su bajo vientre, lentamente, incluso con cariño. La otra se dedicaba a masajear el pene ajeno, esperando a que se erectase un poco. Cuando lo consiguió comenzó a ejercer presión, hasta que la entrada del mayor cedió, y comenzó a introducirse lentamente en él. Provocándole dolor, ya que no le había preparado, y provocándose dolor a sí mismo. Pero eso poco le importaba. Se apoyó en su espalda, esperando por unos breves segundos, entreteniendo en lamer su espalda. Cuando lo creyó oportuno volvió a reanudar el movimiento, penetrándole lentamente. Emitió un leve jadeo cuando se introdujo por completo en el cuerpo del mayor, gozando de esa agradable sensación de dominación, poder, y satisfacción. El cuello de su víctima volvió a recibir varios mordiscos hechos con todas las malas intenciones.
—Quizás esto te recuerde lo que has abandonado, maldito demonio…. — susurró mientras le jalaba de nuevo del pelo.
Comenzó a penetrarlo sin compasión alguna, cogiéndolo de la cadera para que se le hiciera más fácil dicha tarea. Solo se centraba en satisfacer la erección que tenía entre las piernas, y que ahora mismo se encontraba dentro de su Madara. De esa forma, era definitivamente suyo y de nadie más. Tras varias estocadas seguidas y con fuerza se paró escuchando los jadeos que salían de la boca del mayor. Clavó las uñas en su cadera, haciéndole sin darse cuenta sangre.
Para su disgusto no podía dañarlo sin sentirse mal. No podía imaginarse su rostro en ese momento. No era como él. Le dolía el sufrimiento que le estaba proporcionando al ser que amaba, pero no podía parar ahora. Si quería comprobar que Madara sentía algo por Itachi, si quería que no se fuese de nuevo para siempre, debía seguir. Si quería sentirse vivo, debía continuar con esa tortura.
En un pequeño arrebato mordió su hombro mientras comenzaba de nuevo a penetrarle, rápidamente, deseando acabar con esa tontería. Pensando que nunca podría mirarle a la cara de nuevo. Que no podría volver a dormir, pensando que era un blando. Finalmente se corrió en su interior y salió de él, dejando de apretarle contra la pared. Se separó y se subió el pantalón con la mayor tranquilidad del mundo, como si nunca hubiese pasado eso.
—Será mejor que escuches con atención…—susurró mientras encendía un cigarro y le daba una calada. Se acercó y cogiéndole de los pelos, le metió la cabeza en el lavamanos. Abrió el grifo con agua helada y tras unos segundo lo cerró— Tengo a Itachi conmigo… Si lo quieres tendrás que venir mañana por la noche a esta dirección— le dejó un papel al lado con ella— a las 12. Si no vienes, lo dejaré encerrado en el patio, y supongo que sabes cuando a un vampiro débil le da el sol…suele desaparecer.
Soltó su cabello y le tiró el humo a la cara, sin querer mirar su rostro. Sin decir más palabra salió de aquel baño y se mezcló con los humanos que bailaban como si no hubiese mañana en aquella discoteca bajo una música ensordecedora. Su olor pronto se perdió y de esta manera no podría seguirlo.
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