Le observó en completo silencio, analizando sus expresiones de dolor, viendo sus piernas temblar, notando como poco a poco se alejaba de él e iba al vacio sin ni siquiera percatarse de que él estaba allí. De nuevo volvía a huir. Mientras Madara retrocedía, él se acercaba, y justo cuando caía le agarró, agarró su mano, evitando así que su amado desapareciera de su vista. No conseguía comprenderlo, no lo recordaba tan débil, tan sumiso, tan agotado, tan… acabado. ¿Qué demonios le había pasado?
Sin esperar mucho tiempo, tiró de la mano que agarraba para volver a poner a su Madara a salvo. La máscara yacía en el suelo, rota, por haberla soltado cuando corrió a cogerle. Cuando el demonio tocó suelo, lo abrazó levemente, algo sorprendido por el estado en el cual se encontraba. Después de todo, no lo entendía, pero no iba a abandonarlo ahora, ya que no era como él, cosa que había dejado muy clara el mayor años atrás, no iba a dejarle irse nunca más… nunca.
Lamió su cuello lentamente, desechando en unos pocos segundos la idea de morder su cuello y se separó, cogiendo su mano, obligándolo a seguirle, ya que el sol saldría más pronto de lo que quería y no podía quedarse en ese tejado. Le comenzó a guiar hacía la salida del edificio. Sin mediar palabra, sin mirarle, tan solo le jalaba cuando quedaba atrás. Pronto se internaron en la selva de edificios, caminando cada vez más rápido, hasta que llegaron a un pequeño bloque de apartamentos. Sacó una llave con la otra mano y abrió, sin soltar la mano del demonio en ningún momento.
Aquel lugar estaba demasiado oscuro. Todas las ventanas tenían cortinas de color negro que evitaban que cualquier rayo de luz, fuese del sol o de la luna penetrase en el piso. No se podía apreciar muy bien los muebles que decoraban aquel “hogar”, pero, Itachi tampoco le dejó mucho tiempo para hacerlo. Le obligó a entrar y luego cerró con la llave, y además un candado que parecía muy pesado. No, definitivamente no iba a dejar que volviese a escapar de sus manos.
—Haz lo que quieras— susurró mientras caminaba hacía el dormitorio, ya que el sol saldría. Se acostó en la fría cama, sin cerrar la puerta, solo se escuchaba el silencio en aquella casa, esto era porque estaba insonorizada. Cerró los ojos lentamente mientras se dejaba apresar por un leve sueño.
Las cortinas estaban pegadas a las ventanas, y los muebles eran muy simples, demasiado, incluso eran los mismos que venían cuando adquirió el piso. No había ninguna decoración, ni planta ni foto por ningún lado. En la cocina tan solo había una nevera, que servía como fuente de luz, ya que había algunas bolsas de sangre dentro de esta, algo de agua y muy poca comida. En el salón, solo había un pequeño sillón y una televisión, la cual estaba desconectada. El baño contaba con una bañera, aunque había algunos periódicos en el suelo, apilados donde no molestasen. Tenían algunas noticias subrayadas, y eran antiguos, casualmente de los lugares donde el demonio había estado hace unos años. Todas las demás habitaciones estaban vacías exceptuando el único dormitorio.
Itachi estaba intentando entrar en un sueño más profundo, pero se le hacía muy difícil, ya que escuchaba a Madara. Su respiración, sus latidos….incluso podía olerlo desde donde estaba. Le deseaba de todas las maneras, pero no podía tenerlo, eso lo tenía muy claro… El demonio siempre huía, y si nunca le había querido le daba igual ya que ahora, nunca, le iba a dejar escapar. Ya que Madara, era suyo.
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