martes, 11 de octubre de 2011

Pride.

Después de quasi morirme del asco porque no me salía una mierda, aquí esta 8D (?) Corto, porque últimamente sólo me salen mierdas cortas pero bueno... xD


Remordimiento.

Apretó con fuerza los bordes de su camisa. Negarse así mismo que estaba nervioso sería estúpido. Aún no terminaba de entender por qué estaba allí, ¿tan masoquista era? Un suspiro escapó de sus labios. Estaba tenso, tan tenso que podría pasar perfectamente por una cuerda de arco. Se sentó en el suelo un par de minutos y miró su reloj de muñeca. Faltaban diez minutos para que Ryu llegase y realmente, no sabría decir si quería que fuese puntual o no, es más, no sabía si quería irse o quedarse.

Sí, estaba lleno de contradicciones pero éstas tenían su explicación. Hacía años que no sabía nada del mocoso y que de repente apareciese aquel tipo que decía tener a Itachi había sido un duro golpe que había sacudido su alma (si es que aún quedaba algo de ella). Cerró los ojos, cansado de tantas emociones. Estaba harto de sentirse así de débil pero era consciente de ello. Por muchos años que pasasen el vampiro siempre a ser su debilidad.

Ah... los recuerdos, dulces y traicioneros. Apareciendo cuando menos quieres recordar, invocando las memorias a tu mente por el simple hecho de intentar no rememorar. Madara apretó con fuerza los parpados en un intento de ahuyentarlos. Para su desgracia, fracasó y con ello las memorias compartidas con el vampiro moreno inundaron su mente.

—Mocoso, ¿estás despierto? —la pregunta flotó unos segundos en el aire, sin embargo, no obtuvo respuesta, cosa que llevo al demonio a pensar que no, el vampiro no estaba despierto. Aunque por otro lado era normal, aún no había anochecido. Se deslizó, sigiloso, hasta la cama donde Itachi descansaba y se sentó en el borde, buscando con la mirada el rostro del chico. Realmente, a veces, le fastidiaba tener que estar siempre a oscuras.

Estiró el brazo hacía él y le acarició el cabello de Itachi—. Vampiro tonto, deberías de huir de aquí... de mí —murmuró, separando la mano del pelo ajeno, marchándose antes de que este despertara, entre las sombras.

En cuanto la puerta que llevaba a aquella azotea, como si tuviera un resorte en el culo, se levantó del suelo. Él, que siempre se había caracterizado por tener unos nervios de acero estaba hecho un manojo de ellos. Miró a "Ryu" y al instante, retrocedió un par de pasos, ¿por qué demonios la sensación de que Itachi le estaba mirando había surgido de forma abrumadora?

Volvió a retroceder al escuchar su voz, al ver como se acercaba a él. La sensación no desaparecía. El olor, ¿por qué olía tanto como él? ¿Se estaba riendo o algo así de su fracaso? ¿Por qué tenía que recordarle que había sido lo suficientemente idiota para quedarse solo? Su voz, su maldita voz y sus palabras le provocaron una horrible sensación en la boca del estomago y, una vez más, retrocedió.

—¿Có-cómo? —la voz pequeña, débil que salió de sus labios le pareció totalmente ajena, como si no fuera la suya. ¿Matado? ¿Muerto? ¿Se había suicidado? ¿Por qué? El vampiro olía como Itachi... ¿se había suicidado por qué se había enterado de que seguía allí? ¿Que significaba todo aquello? No... eso no era lo que debía ocurrir, él debía vivir. Su vida. Ajeno a él. Donde no pudiese dañarle, ¿por qué...?

Duele.

Llevó la mano derecha al lado izquierdo de su pecho, aferrando débilmente la tela de su camisa.

Oprime.

Le temblaron las piernas por un instante en el momento en el que sus pies retrocedieron por enésima vez.

¿Por qué se había puesto a llover?

—Mierda... —susurró, llevando ambas manos hacia su rostro, cubriendo de esa forma las lágrimas que habían decidido amargar su ya de por si penosa existencia. Si antes sus piernas temblaban en ese momento se convirtieron en pura gelatina. Ni siquiera sabía como se estaba manteniendo en pie. Demasiado ocupado estaba en limpiar sus lágrimas (que no cesaban de aparecer, lentas) como para ver como se medio quitaba la máscara dejando su rostro algo visible así como para escuchar su pregunta.

Todo el dolor de la noche anterior pareció azotar su cuerpo, sus huesos, provocando que perdiera el equilibrio. Por unos segundos se sintió como si flotase en el aire pero pronto la sensación de caída y vacío la remplazo. Después de todo, antes de perder el equilibrio había llegado al borde de la azotea, el cual sobresalía apenas del suelo, sin ninguna verja protectora que impidiese la caída de quien resbalase cerca del borde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario