jueves, 10 de noviembre de 2011

Obsesión

Antes de nada aclarar que lo he escrito por la mañana y tras no dormir nada...espero que no me maten por esto...
Canción:Obsession InnerPartySystem
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Obsesión

Había estado en la cama todo el rato. Escuchando al otro andando a oscuras por su pequeño apartamento. Tenía bastante sueño, pero por alguna razón no conseguía cerrar los ojos. Escuchar su entrecortada respiración, sus pequeños pasos inseguros, sus susurros, sus suspiros… Le hacían volverse loco. Por fin Madara estaba ahí….todas sus ansias, su única obsesión estaba por fin a su alcance. De nuevo, tras tanto tiempo. El causante de su sufrimiento, el causante de su alegría, el que provocaba en él todo tipo de sentimientos estaba por fin al alcance de su mano. Comenzaba a notarse desesperado, ansioso, comenzaba a notar que la sangre que corría por sus venas se calentaba, que la locura comenzaba a apoderarse lentamente de su cuerpo. Que la poca cordura que había conseguido en todos estos años se esfumaba con solo oír que se acercaba a su habitación. Con solo escuchar el latido del corazón ajeno.


Apretó la sábana levemente con una de sus manos. Quería que el demonio notase lo que sentía, quería que supiese que lo había buscado, que lo estaba esperando, que quería volver a estar con él hasta la eternidad. Pero sabía que eso nunca iba a pasar. Que el otro también había cambiado, y ahora eran como completos extraños. Que nunca volverían a ser uno como antes. ¿Pero era tanto pedir que lo notase? ¿Era mucho pedir que supiese todo lo que sentía? Quizás sí. Se tensó al escuchar que se acercaba más a la habitación. Estaba algo sorprendido ante ese hecho, nunca creyó que se volviese a acercar tan pronto. Se sentó en la cama para mirarle a los ojos, pero de nuevo algo se rompió en su interior al escuchar cómo le llamaba. Ryu… En ese preciso instante supo que el otro no era su añorado Madara.


Sintió que no se podía controlar. Tenía ganas de verle gritando de nuevo, verle sufriendo, pidiendo que parase. Quería torturarle con sus propias manos como antes en aquel baño. Pero eso no se mostró en su impasible rostro. Asintió levemente mientras se levanta y se dirigía hasta el mayor, en el último momento cambió de dirección y abrió una puerta de un armario. El aura que emitía era confusa, parecía sereno, pero a su vez, emitía cierto, pero leve instinto asesino. Sacó una manta, que parecía estar sin usar. Se acercó y se la dejó en las manos. Le miró a los ojos fijamente, como si fuese a matarle. Su rostro seguía siendo como un libro cerrado, pero sus ojos y su aura, advertía de lo que estaba a punto de pasar.


—Madara… creo que te voy a matar.


Tras decir esto llevó sus manos al cuello del demonio mientras apretaba con fuerza, pero no lo suficiente como para ahogarle. Quería ver el miedo en sus ojos. Necesitaba alimentarse de esa sensación de superioridad, necesitaba saber que tan frágil era, para poder obligarle a quererle de nuevo, o a quererle, ya que pensaba aún que el otro nunca lo hizo. Y si no lo conseguía, simplemente lo utilizaría siempre. El otro debía vivir la desesperación y el miedo que vivió al verse solo en aquel lugar asqueroso. Sentir que había sido abandonado por todo lo que creía. Debía sentir que iba a ser asesinado, porque así es como se sentió él al ver que el otro nunca volvió.


Cuando sintió que era suficiente le soltó el cuello y le cogió el cabello, tirándole de este y haciendo que entrase en la habitación. Le empujó contra una pared soltándose. Cuando vio que se había dado contra esta se acercó con velocidad empotrándole con fuerza contra esta. Sonrió de placer al verle acorralado. Era totalmente suyo. Solo suyo, por siempre. Mordió su cuello con saña sin clavar los colmillos en su piel. Con una de sus manos cogió las de Madara inmovilizándole. Olió su cabello por unos segundos.


—Te mataré como tú lo hiciste conmigo… Madara, nunca podrás volver a salir de aquí. Porque la única manera de que lo hagas será por partes, y eso pasará cuando me canse de ti. No seré tan malo como tú fuiste antaño, abandonándome. Te mataré antes de irme, así no tendrás que buscarme — susurró en su oreja mientras la mordía — No te preocupes, haré que olvides todo lo que has vivido — una pequeña risita psicópata salió de sus labios — Quiero que notes que estás en mis manos, que me eches de menos, que grites cuando esté dentro de ti. Quiero que me digas que estas enamorado de mi… Que me satisfagas. Porque eres mío — acercó la otra mano a su espalda arañándole y rasgando la ropa que llevaba — Porque esto es lo que has creado…Sí tú me has hecho así… Tú has logrado que te ame y te odie. Tú plantaste la semilla de la locura en mí, y ahora, no puedes hacer nada para remediarlo — volvió a reír de esa forma —Yo no soy ni Ryu ni Itachi, solo soy la mierda de queda de los dos, uno te quería y el otro te odia y ahora ya no sé qué hacer contigo… Porque si te mato… ¿Qué pasaría con mi obsesión? — susurró mientras soltaba sus manos y le movía el rostro para besarle.

lunes, 31 de octubre de 2011

Silencio.

No encuentro una puta canción buena así que voy a poner la primera que encuentre y que me guste e3é.


Silencio

Había cerrado los ojos, con fuerza. ¿Temer la oscuridad eterna? Era estúpido. Era un demonio, no iba a morir por caer desde una gran altura y romperse la crisma. Pero lo había tenido, miedo. Había olfateado el desagradable olor de ese sentimiento, impregnado en su piel. ¿Tan humano se había vuelto? Apenas notó que Itachi le había agarrado del brazo, sólo volvió en sí cuando aquel mocoso decidió envolverle, sin apenas tocarle, con sus brazos. No pudo evitar preguntarse por qué el vampiro había decidido salvar su lamentable pellejo en vez de dejarle caer al vacío. ¿No le odiaba? Se lo hubiera preguntado de no ser porque de repente la boca de Itachi se había deslizado por su cuello. Pensó que iba a morderle pero curiosamente, no lo hizo.

Cerró los ojos al sentir aquel brusco agarre sobre su brazo y como Itachi tiraba de él para que le siguiese. No se quejó, no dijo nada. Sólo se dejó guiar por el menor, mirando el suelo en silencio y perdido en sus pensamientos. No lo entendía, por más que intentaba que su jodida mente entendiese que era lo que pasaba por la mente de su vampiro (del vampiro -se corrigió mentalmente Madara-) no entendía que coño era lo que estaba pasando. Itachi cada vez aumentaba más la velocidad. Cosa normal, pensó Madara. Pues el amanecer se acercaba y estaba claro que el vampiro no querría ver ni rastro del sol.

Pero... ¿por qué le llevaba con él? ¿No le había dejado claro ya que le odiaba? Suspiró pesadamente y cerró los ojos, cuando volvió a abrirlos se encontró delante de un bloque de edificios, concretamente dentro de uno, que a juzgar por las intenciones del chico de llevarle dentro, era donde vivía. Decir que los años habían vuelto menos brusco al menor sería mentir. Había estado a punto de tropezar cuando Itachi le obligó a internarse dentro de aquel apartamento.

"Haz lo que quieras" —desvió la mirada ante aquellas palabras, el sonido del candado aún resonaba en su mente. ¿Qué hiciera lo que quisiese? Le había encerrado. Apenas había cruzado un par de palabras con él y ya vio como la figura del más alto se perdía dentro de una nueva habitación. Apoyó las manos en el sofá y suspiró pesadamente. No sabía bien que hacer en esa situación. Ya... ya no estaba seguro de nada. Itachi le odiaba pero... ¿le quería cerca? Miró a su alrededor y forzó la vista, tratando de vislumbrar algo en aquella pesada oscuridad. Tanto tiempo sin obligarse a ver en la oscuridad ahora le pasaba factura.

—El frigorífico —murmuró para sí, buscándolo a tientas, tratando de no tropezar con ninguno de los muebles mientras accedía a la cocina. Suspiró al encontrar la puerta de dicho electrodoméstico y la abrió, yendo a mirar que era lo que se encontraba en su interior. Sangre, algo de queso, mantequilla, algo de verdura, un par de manzanas y una lata de aceitunas. Se sentó en el suelo y volvió a suspirar. ¿Se suponía que iba a tener que hacerse algo de comer con eso? Vale que era comida pero, ¿cuánto iba a durarle aquello? ¿Una semana?

Se levantó del suelo y cerró la puerta del frigorífico. Caminó un par de minutos por el apartamento, tratando de habituarse a él. Una vez hecho esto, avanzó hacía el sofá y se echó con cuidado en él. Sin embargo, hacía frío, el hecho de que no entrase ni un ápice de Sol se notaba. Y más si tenían en cuenta que estaban en invierno. Se mordió el labio inferior. La puerta del cuarto de Itachi estaba abierta. Podía... podía preguntarle si tenía alguna manta para prestarle. Joder, todo aquello era tan... frustrante.

—Oye, It... Ryu —se corrigió mientras hablaba—. ¿Podrías darme una manta o algo? Hace un poco de frío —preguntó, asomado a la puerta del cuarto del menor, esperando su contestación.

viernes, 28 de octubre de 2011

Mío

Le observó en completo silencio, analizando sus expresiones de dolor, viendo sus piernas temblar, notando como poco a poco se alejaba de él e iba al vacio sin ni siquiera percatarse de que él estaba allí. De nuevo volvía a huir. Mientras Madara retrocedía, él se acercaba, y justo cuando caía le agarró, agarró su mano, evitando así que su amado desapareciera de su vista. No conseguía comprenderlo, no lo recordaba tan débil, tan sumiso, tan agotado, tan… acabado. ¿Qué demonios le había pasado?

Sin esperar mucho tiempo, tiró de la mano que agarraba para volver a poner a su Madara a salvo. La máscara yacía en el suelo, rota, por haberla soltado cuando corrió a cogerle. Cuando el demonio tocó suelo, lo abrazó levemente, algo sorprendido por el estado en el cual se encontraba. Después de todo, no lo entendía, pero no iba a abandonarlo ahora, ya que no era como él, cosa que había dejado muy clara el mayor años atrás, no iba a dejarle irse nunca más… nunca.

Lamió su cuello lentamente, desechando en unos pocos segundos la idea de morder su cuello y se separó, cogiendo su mano, obligándolo a seguirle, ya que el sol saldría más pronto de lo que quería y no podía quedarse en ese tejado. Le comenzó a guiar hacía la salida del edificio. Sin mediar palabra, sin mirarle, tan solo le jalaba cuando quedaba atrás. Pronto se internaron en la selva de edificios, caminando cada vez más rápido, hasta que llegaron a un pequeño bloque de apartamentos. Sacó una llave con la otra mano y abrió, sin soltar la mano del demonio en ningún momento.

Aquel lugar estaba demasiado oscuro. Todas las ventanas tenían cortinas de color negro que evitaban que cualquier rayo de luz, fuese del sol o de la luna penetrase en el piso. No se podía apreciar muy bien los muebles que decoraban aquel “hogar”, pero, Itachi tampoco le dejó mucho tiempo para hacerlo. Le obligó a entrar y luego cerró con la llave, y además un candado que parecía muy pesado. No, definitivamente no iba a dejar que volviese a escapar de sus manos.

—Haz lo que quieras— susurró mientras caminaba hacía el dormitorio, ya que el sol saldría. Se acostó en la fría cama, sin cerrar la puerta, solo se escuchaba el silencio en aquella casa, esto era porque estaba insonorizada. Cerró los ojos lentamente mientras se dejaba apresar por un leve sueño.

Las cortinas estaban pegadas a las ventanas, y los muebles eran muy simples, demasiado, incluso eran los mismos que venían cuando adquirió el piso. No había ninguna decoración, ni planta ni foto por ningún lado. En la cocina tan solo había una nevera, que servía como fuente de luz, ya que había algunas bolsas de sangre dentro de esta, algo de agua y muy poca comida. En el salón, solo había un pequeño sillón y una televisión, la cual estaba desconectada. El baño contaba con una bañera, aunque había algunos periódicos en el suelo, apilados donde no molestasen. Tenían algunas noticias subrayadas, y eran antiguos, casualmente de los lugares donde el demonio había estado hace unos años. Todas las demás habitaciones estaban vacías exceptuando el único dormitorio.

Itachi estaba intentando entrar en un sueño más profundo, pero se le hacía muy difícil, ya que escuchaba a Madara. Su respiración, sus latidos….incluso podía olerlo desde donde estaba. Le deseaba de todas las maneras, pero no podía tenerlo, eso lo tenía muy claro… El demonio siempre huía, y si nunca le había querido le daba igual ya que ahora, nunca, le iba a dejar escapar. Ya que Madara, era suyo.

martes, 11 de octubre de 2011

Pride.

Después de quasi morirme del asco porque no me salía una mierda, aquí esta 8D (?) Corto, porque últimamente sólo me salen mierdas cortas pero bueno... xD


Remordimiento.

Apretó con fuerza los bordes de su camisa. Negarse así mismo que estaba nervioso sería estúpido. Aún no terminaba de entender por qué estaba allí, ¿tan masoquista era? Un suspiro escapó de sus labios. Estaba tenso, tan tenso que podría pasar perfectamente por una cuerda de arco. Se sentó en el suelo un par de minutos y miró su reloj de muñeca. Faltaban diez minutos para que Ryu llegase y realmente, no sabría decir si quería que fuese puntual o no, es más, no sabía si quería irse o quedarse.

Sí, estaba lleno de contradicciones pero éstas tenían su explicación. Hacía años que no sabía nada del mocoso y que de repente apareciese aquel tipo que decía tener a Itachi había sido un duro golpe que había sacudido su alma (si es que aún quedaba algo de ella). Cerró los ojos, cansado de tantas emociones. Estaba harto de sentirse así de débil pero era consciente de ello. Por muchos años que pasasen el vampiro siempre a ser su debilidad.

Ah... los recuerdos, dulces y traicioneros. Apareciendo cuando menos quieres recordar, invocando las memorias a tu mente por el simple hecho de intentar no rememorar. Madara apretó con fuerza los parpados en un intento de ahuyentarlos. Para su desgracia, fracasó y con ello las memorias compartidas con el vampiro moreno inundaron su mente.

—Mocoso, ¿estás despierto? —la pregunta flotó unos segundos en el aire, sin embargo, no obtuvo respuesta, cosa que llevo al demonio a pensar que no, el vampiro no estaba despierto. Aunque por otro lado era normal, aún no había anochecido. Se deslizó, sigiloso, hasta la cama donde Itachi descansaba y se sentó en el borde, buscando con la mirada el rostro del chico. Realmente, a veces, le fastidiaba tener que estar siempre a oscuras.

Estiró el brazo hacía él y le acarició el cabello de Itachi—. Vampiro tonto, deberías de huir de aquí... de mí —murmuró, separando la mano del pelo ajeno, marchándose antes de que este despertara, entre las sombras.

En cuanto la puerta que llevaba a aquella azotea, como si tuviera un resorte en el culo, se levantó del suelo. Él, que siempre se había caracterizado por tener unos nervios de acero estaba hecho un manojo de ellos. Miró a "Ryu" y al instante, retrocedió un par de pasos, ¿por qué demonios la sensación de que Itachi le estaba mirando había surgido de forma abrumadora?

Volvió a retroceder al escuchar su voz, al ver como se acercaba a él. La sensación no desaparecía. El olor, ¿por qué olía tanto como él? ¿Se estaba riendo o algo así de su fracaso? ¿Por qué tenía que recordarle que había sido lo suficientemente idiota para quedarse solo? Su voz, su maldita voz y sus palabras le provocaron una horrible sensación en la boca del estomago y, una vez más, retrocedió.

—¿Có-cómo? —la voz pequeña, débil que salió de sus labios le pareció totalmente ajena, como si no fuera la suya. ¿Matado? ¿Muerto? ¿Se había suicidado? ¿Por qué? El vampiro olía como Itachi... ¿se había suicidado por qué se había enterado de que seguía allí? ¿Que significaba todo aquello? No... eso no era lo que debía ocurrir, él debía vivir. Su vida. Ajeno a él. Donde no pudiese dañarle, ¿por qué...?

Duele.

Llevó la mano derecha al lado izquierdo de su pecho, aferrando débilmente la tela de su camisa.

Oprime.

Le temblaron las piernas por un instante en el momento en el que sus pies retrocedieron por enésima vez.

¿Por qué se había puesto a llover?

—Mierda... —susurró, llevando ambas manos hacia su rostro, cubriendo de esa forma las lágrimas que habían decidido amargar su ya de por si penosa existencia. Si antes sus piernas temblaban en ese momento se convirtieron en pura gelatina. Ni siquiera sabía como se estaba manteniendo en pie. Demasiado ocupado estaba en limpiar sus lágrimas (que no cesaban de aparecer, lentas) como para ver como se medio quitaba la máscara dejando su rostro algo visible así como para escuchar su pregunta.

Todo el dolor de la noche anterior pareció azotar su cuerpo, sus huesos, provocando que perdiera el equilibrio. Por unos segundos se sintió como si flotase en el aire pero pronto la sensación de caída y vacío la remplazo. Después de todo, antes de perder el equilibrio había llegado al borde de la azotea, el cual sobresalía apenas del suelo, sin ninguna verja protectora que impidiese la caída de quien resbalase cerca del borde.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La máscara

Nada más salir de aquel lugar lleno de rostros humanos, se internó en brazos de la noche. En silencio comenzó a caminar por las calles, sintiendo que no tenían lugar al que volver. Que lo que había hecho unas horas antes, había sido un completo error. Que había errado de mala manera, sintiéndose un poco humano. Notando, que no podrí mirar a su amado la cara de nuevo sin sentir angustia. ¿Cómo podía haber herido de tal manera a la razón de su existencia? ¿Cómo había podido ser tan tonto?... Tan impulsivo, tan idiota.

Cuando notó que los rayos del Sol se acercaban, y el amparo de la noche comenzaba a desvanecerse, se dirigió al pequeño piso donde se escondía por el día. Subió en el ascensor en completo silencio. Observando su reflejo en el espejo. Mirándose a los ojos, comenzando a reprocharse sus actos. No tuvo más remedio que desviar la mirada y cerrar los puños, clavándose las uñas. Suspiró mientras la puerta se abría y comenzó a buscar las llaves. Tras abrir, cerró la puerta y se sintió un poco más cómodo ante la plena oscuridad. Su “casa” era como un completo Bunker, no había ni una lámpara, ni una sola luz. Se acercó lentamente a su cama y se echó en esta lentamente.

Se sentía totalmente estúpido. Había soñado, fantaseado muchas veces que haría cuando se encontrase cara a cara con él, pero en ninguna de sus fábulas le había hecho lo que había pasado en la realidad. Se arrepentía, muchísimo, ahora se sentía más Itachi que Ryu… y eso tampoco le gustaba, porque después de todo, Ryu no era más que una pobre y frágil coraza creada para sobrevivir ante la ausencia de su querido Madara. Aunque ahora que lo pensaba, si este se enteraba de que era él, volvería a huir, o lo mataría. Seguía prefiriendo la segunda opción.

Peor era que tendría que verle de nuevo cara a cara. Y no tenía pensado nada. Ni siquiera sabría si podría mirarle a la cara, aunque la respuesta sería seguramente que no. No podría sostenerle la mirada sin que la culpa le matase lentamente por dentro. Oiría voces en su cabeza reprochándole todos los actos de los últimos 20 años. Aunque estuviese buscando a Madara en esta época de tiempo, siempre supo que nunca lo encontraría. Aunque erró al cree en dicha suposición. Y sabía que por mucho que pidiese disculpas o perdón, nunca volvería a escuchar las palabras de Madara. Puede que incluso este no creyese en sus palabras de arrepentimiento.

¿Sabía realmente cómo era el demonio? Seguramente no. Unas horas durante varios años, no bastaban para conocerle del todo. Nunca se imaginó que no volvería. Esa era la prueba más real y válida de que no conocía nada, absolutamente del ser al que amaba.
Suspiró mientras cerraba los ojos y trataba de dormir algo, ya que la noche siguiente iba a ser muy complicada. Pronto entró en un sueño profundo, perdiendo la percepción del tiempo, y al empezar a anochecer de nuevo, sus ojos se abrieron. No tenía sed, no tenía ganas de levantarse. No quería enfrentar la realidad… Tenía mucho miedo de que el otro no viniese… Eso significaría que nunca le importó… Que solo era un juguete…

Se levantó en silencio y se cambió de ropa, poniéndose una pequeña túnica negra y unos pantalones del mismo color. Antes de salir, algo llamó su atención y no tuvo más remedio que cogerlo. Era una máscara blanca, la cual solo tenía dos agujeros a la altura de los ojos para poder ver. Mientras caminaba hacia el lugar del encuentro, con esta en el rostro, se acercaba la temible hora de la verdad. Esa noche cambiaría el rumbo de su vida, si se podía llamar así, viniese o no.

Pronto notó su olor y trató de calmar su corazón, el cual latía a una velocidad alarmante. Le había citado en el tejado de un edificio. Casi no se podía crear el hecho de que estuviese viendo su figura en este. Se quedó a una distancia prudencial mirándole, sin pronunciar palabra. Eran las 12, la hora de la verdad…
Sus ojos se posaron en los ajenos, agradeciendo tener una máscara que le tapase la expresión, ya que mirarle era una silenciosa tortura. Saber que le había dañado y que a pesar de todo se había presentado le desgarraba lentamente lo que le quedaba de alma, si es que la tenía.

—Viniste—susurró sin saber muy bien cómo reaccionar— ¿Cuáles son tus verdaderas intenciones? Que yo recuerde te dije que había matado a Itachi… ¿Acaso buscas venganza por su muerte? — se acercó lentamente hasta él, sin bajar la guardia en ningún momento— ¿O acaso no lo mataste tu abandonándolo a su suerte entre esas cuatro paredes?

Dejó que su olor llegase al mayor mientras una leve brisa mecía amablemente su cabello. Tenía que saber si aún significaba algo para ese demonio, si aún existía una pequeña posibilidad de que estuviesen juntos, o por el contrario, estaba condenado a pasar el resto de sus días alejado de él.
Alzó su mano lentamente hacía la máscara, acariciándola lentamente, llegando hasta uno de sus bordes. La retiró suavemente, descubriendo su ojo derecho. Estaba tan asustado e impaciente, pero sabía que las prisas no serían de ayuda. Le observó en completo silencio, hasta que finalmente descubrió un poco de sus labios, dejando ver medio rostro. No apartó ningún segundo sus ojos del rostro ajeno.

—¿Qué se supone que hice mal para merecer esto, Madara?...

domingo, 25 de septiembre de 2011

Rompecabezas.

Ala, no me gusta como ha quedado, pero lo dejo así xDUU

Rompecabezas

El goteo constante de su cabello parecía haberle sumergido en alguna especie de entumecimiento. El frío se calaba en sus huesos lentamente, pues la ventana de aquel lugar se encontraba abierta y su camisa estaba hecha jirones. Las heridas provocadas en su espalda (y en cierta parte de su anatomía) le ardían como si hubieran estampado un hierro incandescente en su piel.

Se tragó con dificultad las lagrimas de dolor que amenazaban con derramarse y apretó con fuerza el agarre de sus manos sobre el borde del lavamanos. Notaba la sangre deslizarse por su espalda y las pequeñas gotas de sangre deslizarse por sus largas piernas. Había tratado de incorporarse, pero el temblor de estas sólo había conseguido que acabara tirado de cualquier manera en el suelo.

Podría jugar que todo su cuerpo se encontraba roto y quizá eso no hubiera sido tan grave, de no ser por el constante reproche que su mente estaba ejerciendo sobre su espíritu. Por supuesto, la resaca estaba haciendo mella en su mente y el constante martilleo de la música retumbaba en su mente como si quisiera volarle los sesos. Se arrastro malamente dentro de uno de los lavabos y cerró la puerta, dispuesto a hundirse en su propia oscuridad, solo.

No sabía exactamente en que centrarse primero, en su mente, en su cuerpo o en la constante sensación de que alguien estaba apuñalando su pecho. ¿Por qué se encontraba tan confundido? Cerró los ojos y miró el papel que aquel chico, Ryu, le había dado. Pero para su mala suerte no pudo fijar su vista en las letras escritas así que simplemente lo guardó en su bolsillo.

A pesar de todo, pronto un sentimiento ganó a cualquier otro y sin poder evitarlo vació el contenido de lo que había bebido y comido aquella noche dentro del retrete. Quiso irse de allí en ese preciso momento y eso fue lo que hizo, necesitaba dormir y poner en orden sus ideas. Sin embargo, no podía salir del baño en ese estado, si acababa en mitad de la pista de baile no quería ni imaginarse las reacciones de los estúpidos humanos.

Mucho menos sus intentos de sentirse mejores consigo mismos. Así que decidió salir por la ventana, lograndolo a duras penas. Podría haberse escabullido entre las sombras para llegar rápido al lugar donde se hospedaba, pero todo él era un caos y desde luego no se encontraba en su mejor momento y sólo cuando sus piernas le fallaron hizo uso de dicha técnica.

Cayó con fuerza en la cama de su habitación y en ese preciso momento dejó que todo lo que había estado conteniendo estallase y sin entender muy bien por qué, dejó que las lágrimas recorriesen sus mejillas, no hubo ningún gimoteo, ningún jadeo, sólo lágrimas silenciosas que se escapaban de entre sus parpados cerrados sin que pudiese evitarlo. Y así, finalmente fue vencido por el sueño, aunque para su desgracia no sería por mucho tiempo.

***

El sol no tuvo compasión ninguna con su adolorido cuerpo y los primeros rayos de éste fueron directos a su cara, logrando que poco a poco abriese los ojos, agotado tanto mental como físicamente. Su cabeza seguía ardiendo pero ahora los recuerdos de la noche anterior le eran confusos y borrosos. Como pudo, quedó sentado en la cama, mirando fijamente el papel que acaba de sacar del bolsillo.

"Me preguntó si debería pagarte por esto... pareces una puta... dejándote follar tan fácilmente"

Cerró los ojos con fuerza.

"Quizás deba decirte mi nombre para que lo grites mientras te la meto… Ryu, recuérdalo bien… porque quizás debería decirte que maté a alguien a que conocías…"

Se mordió el labio inferior hasta que notó el sabor metálico de la sangre colarse en su boca.

"Quizás esto te recuerde lo que has abandonado, maldito demonio..."

Itachi...

Su vampiro había encontrado a alguien más y no sabía si iba a ponerse a reír o a llorar. Había hecho lo que le había previsto, se había olvidado de él y había hecho una vida nueva, lejos de la influencia negativa que él pudiese causarle. ¿Por qué sentía tan jodido y roto por dentro entonces?

Sus dedos se enterraron en su cabello mientras se maldecía sin poder evitarlo. Su interior era un torbellino de emociones que no terminaba de encajar con él. Limpió de mala gana los restos de lagrimas de su rostro y miró la hora del reloj. Por lo visto había pasado bastante tiempo desde que había despertado y de lo ocurrido. Se levantó como pudo de la cama y caminó, cojeando, hasta el baño para al menos limpiar su entrada.

No se preocupó en curar sus heridas, ni en que su aspecto fuera menos vulnerable de lo que realmente se sentía. Se dio un baño y no se vistió hasta que la sensación del semen de aquel tipo deslizándose entre sus piernas desapareció. Miró la figura que el espejo le mostraba una vez vestido con la primera ropa vieja que había encontrado y finalmente desvió su mirada hacia sus pies descalzos.

"Tengo a Itachi conmigo… Si lo quieres tendrás que venir mañana por la noche a esta dirección a las doce. Si no vienes, lo dejaré encerrado en el patio, y supongo que sabes cuando a un vampiro débil le da el sol... suele desaparecer"

¿Realmente se pensaba aquel Ryu que era idiota? Lo más probable era que quisiese restregarle que Itachi era feliz y no precisamente por su causa. ¿De qué se extrañaba? ¿Por qué le pesaba tanto? Él era incapaz de hacer feliz a nadie. Suspiró pesadamente y metió las manos en los bolsillos. Al instante siguiente, ya no había nadie delante del espejo.

***

Había llegado al lugar acordado media hora antes de lo previsto. Simplemente, quería estar allí cuando llegasen e irse lo más rápido posible de ese lugar y mientras tanto sus ojos se paseaban entre sus manos y el suelo. Sin ser capaz de alzar la vista para mirar a Itachi a la cara cuando llegase. ¿Cómo se sentía?

¿Cómo se sentía?

Como una mierda.

Capítulo 0

Soledad.

¿Cuándo comienza la historia realmente?... ¿Qué fue de Madara y de Itachi antes de encontrarse? Todo ello se explica con cuidado aquí. También sus personalidades.

Madara

En combate Madara se muestra serio, frio, calmado aunque a veces hace bromas pesadas frente de sus oponentes despreciándolos y subestimándolos siendo una persona muy arrogante. Mientras que, en su otra faceta viviendo el día a día puede llegar a ser alguien muy bipolar, mostrándose un día melancólico y al otro la alegría de la huerta. Sus palabras suelen tener un aire cortante a pesar de todo y detesta que le lleven la contraria. Le gusta el color de la sangre y puede llegar a ser un sádico desconsiderado con sus enemigos y con aquello que considera de su propiedad. Puede llegar a ser muy rencoroso, guardando todo su odio por muchísimo tiempo, elaborando una venganza en su interior que muchos deberían temer.

Tramposo, vil, manipulador, buscando siempre su propio beneficio, a veces le da por buscar el placer que otra persona le pueda proporcionar, siendo un amante bastante experimentado en la cama y aunque se hace el inocente en esos temas suele ser bastante desinhibido. No se cortaría ni un pelo en besar y toquetear a alguien delante de otra persona por mucho que quien recibe sus caricias estuviese pasando la mayor vergüenza del mundo. Suelen sonreír en contadas ocasiones y aún más contadas si lo hace delante de alguien. Por otro lado, a veces le da por ponerse una máscara, ocultando así su identidad, ante eso, su personalidad cambia radicalmente, volviéndose alguien patoso, infantil y totalmente confiado, aunque eso solamente es una fachada que oculta tras de sí un depredador salvaje. Cuando lleva máscara suele hablar de sí mismo en tercera persona y usa el nombre de "Tobi"

Pase lo que pase, hará todo lo posible para que sus objetivos sean cumplidos.

Nada recuerda del lugar en el que "nació" y cada vez que piensa en ello siente como si la respiración se le cortase y un dolor profundo atenazase su pecho mientras la oscuridad parece cernirse sobre él en esos momentos, por eso dejó de pensar en su "hogar" hace muchos años. Su "llegada" a la Tierra fue por la invocación que unos (en su opinión) estúpidos humanos realizaron sobre su persona, estos humanos querían causar un gran mal contra el emperador de las tierras vecinas pues estas eran más prosperas que las de ellos y claramente buscaron el método fácil. Invocar a un demonio para que este arrasara los campos ajenos y enfermase a sus ciudadanos. Lo que no esperaron fue que el demonio al que invocaron tuviese aspecto humano y que este cumpliera parte de sus deseos. Arrasó algo, pero no fue precisamente a aquellos de los que tenían envidia...

Desde entonces vagó por el mundo humano aprendiendo de él, ocultándose entre las sombras de la historia, sin descatar, pasando como un borrón que la gente olvidaría, llegó a vivir en todos los lugares conocidos del planeta y cuando se descubrió América, bastantes años después para asegurarse de que pasaba desapercibido como uno más de los visitantes de aquellas tierras decidió que él también quería explorarlas. Eso hizo, viajo por aquellas tierras, conociendo cada rincón de ellas, dejándose hipnotizar por la belleza salvaje que aún vivía en aquellas zonas inexploradas. Claro que la mano del hombre todo lo arranca y así ha contemplado como el ser humano iba adueñándose de cada rincón del mundo, acabando por preguntarse si podría seguir ocultando su presencia a los ojos del mundo.

Su estancia en América fue bastante más larga de lo que era habitual en él ya que allí conoció a una persona que hizo estragos en su vida, derrumbando totalmente los muros invisibles que había construido a su alrededor y con quien tuvo una tórrida aventura que pensó podría volverse algo más serio. Sin embargo, dicha persona le traicionó solamente dejando tras de sí un anillo del cual Madara, a pesar del odio que sentía hacia él se quedó. Como un recordatorio de aquello en lo que no debía volver a caer.

Por otro lado los humanos cada vez más controladores de sí mismos, cada vez más temerosos de todo lo extraño o que viniese de fuera. Tras el estallido de la primera guerra mundial permaneció oculto y cuando esta terminó viajo a Alemania pensando que ésta estaba muy debilitada y se podría vivir más tranquilo.

Un error bastante estúpido de su parte, pues después de varios años viviendo en aquel lugar notó algo extraño en el ambiente, una sensación de desasosiego y el surgimiento de alguien que lidero a los alemanes provocando el estallido de la segunda guerra mundial. Por supuesto, no se molesto en intervenir, busco seguir pasando desapercibido a los ojos de los nazis, ignorando la barbarie que estos cometían, ¿qué le importaba a él que esa raza se matase entre sí? Su raza y él mismo podrían quedarse con la Tierra si esos infelices desaparecían. En aquellos días pensó que sería agradable no tener que ocultarse más de la mirada humana, poder vivir en un sitio estable, poder tener un lugar al que llamar hogar. Aunque bien sabía que eso era casi imposible debido a que su naturaleza le exigía deleitarse con el sufrimiento ajeno. Quizá eso era lo que realmente le había llevado a quedarse en aquel lugar.

El disfrutar que los humanos se comportasen como demonios siempre era gratificante para él. Una noche, sin embargo, decidió que podría pasarlo bien con alguno de aquellos estirados alemanas, así que, desplegando todos sus encantos demoniacos logró engatusar a uno de los oficiales nazis de aquel entonces, uno que tras un par de besos bastante profundos y lleno de roces de algo afilado averiguó que era vampiro. No le dio importancia, no sería el único que había conocido ni el único con el que había mantenido una pequeña "charla" en uno de los callejones más oscuros de la ciudad. Lo que sí que no esperó fue que un (según él) mocoso de veinti tantos apareciese ante ellos tras haber terminado de haceralgomásquehablar antes de que pudiese decir nada aquel oficial alemán había mordido al "niño" (pues para él lo era) y lo había dejado tirado en el suelo diciendo que era un regalo para él por aquella noche tan interesante. En aquel momento maldijo a toda la estirpe y a todo el clan de aquel sujeto pues ahora tendría que hacer cargo de un vampiro sin clan, desde luego aquella perspectiva no era nada acogedora.

Bien podría haberle dejado tirado allí para que se las apañase solo, sin embargo, contra todo pronóstico, le acogió, le dio un nombre y le enseño todo aquello que conocía sobre los vampiros, que era aquello que había averiguado tras interrogar a algunos de su especie por pura curiosidad sobre ésta. Pero no solo le dio todo lo que era si no que, observando el dedo índice en el que llevaba su anillo, se lo entregó, buscando librarse de vivir con esa tortura para verla en el más joven, asegurándose de que así no cometía ningún error estúpido con él.

Desde entonces vivió con él, enseñándole cosas del mundo pues parecía haber olvidado muchas, teniendo que retrasar sus marchas puesto que el más joven no acostumbraba a largarse tanto de algunos lugares. Empezó a sentirse raro, no solo era el hecho de que ese vampiro pareciese convencido de que él era su "creador" (cosa que trato de desmentirle de manera sutil y sin decírselo a cascoporro) había algo que empezaba a ponerle nervioso con respecto al más joven, algo que no llegó a identificar puesto que un día, tratando de hacerle entender cuáles eran las claras diferencias entre demonios y vampiros esperando que así comprendiese lo que él era realmente sin tener que decirlo en voz alta, tuvieron una fuerte discusión.

Madara se hartó, le dijo que era un estúpido que no podía ver más allá de sus narices aunque le pusiesen la respuesta delante de ésta y se largó de aquel lugar en el que Vivian por un espacio de tiempo, azotando la puerta con una fuerza inmensa al salir. Tras eso ha estado viviendo sólo, viajando por diferentes lugares como hacía en el pasado, buscando cuidadosamente no toparse con aquel vampiro inútil porque no sabe como podría reaccionar cuando lo viera. Así que mientras tanto se ha ido ocupando de algunas cosas que tenía pendientes así como de ganar algo dinero para aumentar su pequeña fortuna.

Itachi

Es de estatura media para ser un hombre, ya que mide 178 centímetros, siendo bastante delgado, pensado 58 kg, pero esto fue condicionado por la época en la cual vivió. Su cabello es de color negro azabache, lacio, que sobrepasa sus hombros, y siempre lleva recogido en una coleta. Sus ojos son de color rojo debido a la transformación en vástago, anteriormente eran negros como la noche. Su cara demuestra leves rasgos asiáticos por herencia materna, pero su estado físico y la musculatura son de herencia paterna y por tanto alemana. Si hablamos de la ropa que está acostumbrado a llevar, el color que prima es el negro, y el tejido es el cuero. Tiene un tatuaje en el brazo izquierdo, sin significado alguno, y siempre porta un collar, que consta de tres piedras de color blanco, y un anillo que lleva en la mano derecha, siendo la gema de este de color roja y con una letra en japonés, que significa: (Vermilion).

Cuando fue convertido perdió su personalidad, pero con el paso de los años se volvió alguien frío y distante, a la vez que un poco tímido en los primeros momentos con Madara. Es un impulsivo que odia que sepan lo que está pensado, y tiene mal carácter cuando no ha bebido. Cuando la sangre recorre sus venas es otra cosa, a veces se vuelve manso y acata órdenes, pero de una única persona. Cuando se encuentra sobre la cama es muy pasional y brusco, dejando las sutilezas para otras ocasiones, incluso se vuelve bastante sádico, sobretodo cierta parte de su personalidad, Ryu. No suele confiar en nadie, y se ha vuelto bastante cuidadoso respecto a unos temas, detesta ciertas palabras, o que intenten mandarle, ya que es bastante vengativo.

Nació en 1919 en los barrios bajos de una Alemania en un periodo de entreguerras. Su madre no estaba en la mejor posición social, era una prostituta que había emigrado de Japón buscando una mejor vida que no había encontrado al ejercer tal oficio. De su padre nunca supo nada, ya que fue un militar alemán de una noche, y la verdad es que de su madre tampoco supo, ya que fue abandonado a su suerte. A los pocos días de estar en un orfanato fue adoptado por uno de los seguidores del dirigente alemán nazi. A partir de ese momento fue educado para ser un despiadado nazi, obteniendo una carrera notable y brillante a sus 20 años de edad. En 1939, cuando recién los había cumplido, estalló la Segunda Guerra Mundial, y cómo no, también se dedicó a la tarea de asesinar ciegamente a los judíos, pues para él las palabras de Hitler eran los designios del divino, aunque no fuese muy creyente.

El único error que comentó en esa época fue seguir a uno de sus generales fuera del campo de batalla, ya que le tenía que entregar unos informes. Le siguió hasta un callejón en el cual le encontró con otro hombre haciendo cosas indecentes que nunca había pensado que eran posibles. La sorpresa le dejó inmóvil, y lo último que vio antes de perder su vida humana fue la cara del otro hombre, ya que el comandante se acercó rápidamente y comenzó a beber de él. Cuando terminó dejó que Ryu cayese al suelo, dándose un gran golpe en la cabeza. El alemán le ofreció el cuerpo del joven a aquel demonio, ya que él no quería tener un aprendiz, aquel ser era Madara, que le ofreció un nuevo nombre al muchacho que siempre tendría 20 años, y que había olvidado todo su pasado por dicho golpe. El demonio además de darle un nombre y un anillo, le ofreció un hogar, y le enseñó cómo pudo a vivir cómo un vampiro, pasando la mayoría de su tiempo con él, hasta 1990. En ese año tuvieron una fuerte discusión, debida al carácter de ambos, y a que Madara le había enseñado la diferencia entre los demonios y los vampiros, ya que a los ojos de Ryu, y aunque sospechara que Madara era diferente, este le había convertido en un vástago. La última vez que le vio fue dando un portazo… a partir de ese momento comenzó a vivir solo, pero con la vaga esperanza de que algún día volvería a verle. Por ello ha hecho innumerables viajes alrededor del mundo, el primero a Japón, donde adquirió las armas que emplea actualmente.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Víctima

Cuando observó el rostro ajeno, la indiferencia se plantó en el propio. Sabía perfectamente que era él. No había olvidado ningún detalle su rostro después de todo. Su voz era exactamente igual a la que como la recordaba, solo que esta vez no pronunciaba las mismas palabras que había escuchado la última vez. Cerró los ojos por unos segundo sintiendo su cálida mano en su mejilla. Ese leve roce despertó sentimientos dormidos en su interior, y estos se abrumaron cuando sus ojos se encontraron de nuevo. Le observó durante unos eternos segundos, notando el alcohol en su aliento.

Los primeros pensamientos que parecieron claros en su mente fueron que seguro el demonio no se acordaría de lo que pasaría esa noche. Que estaba borracho y por eso no huía de él. Por ello no corría a esconderse de nuevo de él. Pero no iba a permitir que de nuevo se alejase de su lado, nunca más.

De pronto sus labios notaron los del mayor en su superficie. Cerró los ojos de nuevo, sin saber cómo reaccionar, algo dentro de él volvía a doler, y ese sentimiento era mucho más hiriente que cualquier herida física. Comenzó a responder a su demandante beso cuando el otro se levantó, y sin saber muy bien por qué, pronto se encontró cerca del baño. Las cálidas manos de su amado se perdían entre su ropa y las notaba en su vientre, pero no conseguía reaccionar del todo. Es más, no lo hizo hasta escuchar su voz de nuevo. Intentó mirarle a los ojos, pero el otro se dedicaba a jugar con su oreja.

¿Condones?...Aún el otro no había dicho su nombre y eso le resultaba extraño. Llevó una mano al cabello ajeno, acariciándole levemente, sin poder creérselo, pero pronto lo comprendió. Madara no le había reconocido, o no quería hacerlo, él otro solo quería sexo. Sexo con cualquiera…. No con él… Madara no lo había buscado en todo este tiempo… Se había olvidado de él. Se había olvidado de Itachi. De ese pequeño vampiro que estaba profundamente enamorado de él… Solo había sido un experimento de un demonio, no… Madara nunca había sentido aprecio por él… Nunca…aunque lo hubiese esperado 50 años encerrado en aquella mugrosa y asquerosa habitación… y hubiese estado 20 años buscándole… Definitivamente no era nada para él… Pero Itachi ya no existía.

Itachi había muerto hace 20 años, cuando salió de aquella habitación, ya que él era Ryu, un vampiro que solo buscaba sexo y sangre. Pronto se aferró a ese pensamiento mientras metía la mano por debajo de la camisa del mayor, acariciaba su espalda con una uña. Sí… Cerró los ojos por unos segundos mientras se convencía en que aquel ser que estaba entre sus brazos besándole, era solo un mero objeto…el cual debía ser maltratado… Él cual debía sufrir. Madara iba a ser su víctima esta vez. Ahora no tenía sentimientos, ahora le tocaba hacerle sufrir.

Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro mientras la palabra tortura aparecía escrita en su mente. Con su otra mano cogió las de Madara, acariciándolas, lentamente, como si le estuviese mimando, pero en realidad le estaba inmovilizando sin que el otro se diese cuenta. El hecho de que estuviese borracho le ayudaba muchísimo. Cuando por fin consiguió cortar la movilidad del demonio se acercó a su oreja, calculando las palabras que iba a pronunciar.

— ¿Condones?... ¿No crees que es un poco tarde para utilizarlos? —Susurró con malicia—Conmigo nunca los usaste… Además— Hizo que se voltease y la espalda del mayor chocase contra su pecho. Desde esa posición tenía mejor acceso a lo que quería tocar—Presiento que no te harán falta.

Sin decir nada más rompió la camisa del mayor, esta prenda la utilizó para atarle las manos a la espalda, y así tener las propias libres. Comenzó a apoyarse en el demonio, empotrándole contra la pared sin cuidado alguno, esperando con ansia escuchar sus gritos. Agradeciendo que la propia música de la discoteca fuera el aislante perfecto para ellos.

—Puedes gritar todo lo que quieras, Madara—susurró en su oreja, pronunciando lentamente su nombre—Pero, nadie vendrá… Te voy a comer…

Lamió lentamente su cuello, tocando con sus colmillos la pálida piel, hasta que finalmente los clavó con saña en esta delicada parte de su anatomía. Los separó nada más abrir la herida, para observar con júbilo como su preciada sangre, cálida y carmesí, recorría su cuello y caía al suelo en completo silencio. Tras unos segundos de observación, comenzó a lamer ese exquisito manjar. Clavó de nuevo sus colmillos en la herida, bebiendo sin ningún cuidado, cerrando los ojos. Definitivamente esa sangre era la mejor que había probado desde hacía años.

Separó la boca de su cuello, tras lamer la herida para que parase de sangrar, no quería que perdiese el conocimiento, no aún. La noche era demasiado joven para que se desmayase al principio del nuevo juego. Con su mano derecho jaló del cabello de Madara, mientras que con la izquierda se dedicaba a arañar lenta e irregularmente su espalda. Sin esperar muchos tiempo le clavó las uñas, observando con regocijo como la sangra brotaba de esas nuevas heridas. Se lamió lentamente los dedos mientras esperaba que nunca hubiesen tratado así a su “querido” Madara. Una sádica sonrisa se dibujó en su rostro mientras el pantalón ajeno caía al suelo.

Su trasero fue enseguida observado con cierta curiosidad por el vampiro. Enojándose ante la idea de que cualquier otro lo hubiese tocado antes que él. O que el mayor se hubiese dejado tocar… Estas ideas solo provocaban que su ira aumentase y le tratase con mayor desprecio aún. Le abrió las piernas con la rodilla mientras lamía levemente su nuca.

—Me pregunto si debería pagarte por esto… Pareces una puta….dejándote follar tan fácilmente— se rió levemente en su oreja mientras que con una mano agarraba su miembro—Quizás deba decirte mi nombre para que lo grites mientras te la meto… Ryu, recuérdalo bien…porque quizás debería decirte que maté a alguien a que conocías…

Cerró los ojos apartándose de su oreja y dejó de pensar, pasando a ser un ser totalmente irracional, era la mejor manera para que el demonio al que tanto apreciaba pagase por su crueldad. Se bajó la cremallera de los pantalones con lentitud, eliminándolas dudas que amenazaban los actos futuros. Su pantalón se deslizó con cuidado, bajándose hasta la altura de las rodillas. No necesitaba nada más. Si ocurría lo que tenía que ocurrir, Madara sería por siempre suyo, y eso lo que había deseado desde hace muchísimo tiempo.

Finalmente se decidió y acercó a su erecto miembro a la entrada de Madara. No iba a ser amable, él tampoco fue al dejarle abandonado. Una mano acarició su bajo vientre, lentamente, incluso con cariño. La otra se dedicaba a masajear el pene ajeno, esperando a que se erectase un poco. Cuando lo consiguió comenzó a ejercer presión, hasta que la entrada del mayor cedió, y comenzó a introducirse lentamente en él. Provocándole dolor, ya que no le había preparado, y provocándose dolor a sí mismo. Pero eso poco le importaba. Se apoyó en su espalda, esperando por unos breves segundos, entreteniendo en lamer su espalda. Cuando lo creyó oportuno volvió a reanudar el movimiento, penetrándole lentamente. Emitió un leve jadeo cuando se introdujo por completo en el cuerpo del mayor, gozando de esa agradable sensación de dominación, poder, y satisfacción. El cuello de su víctima volvió a recibir varios mordiscos hechos con todas las malas intenciones.

—Quizás esto te recuerde lo que has abandonado, maldito demonio…. — susurró mientras le jalaba de nuevo del pelo.

Comenzó a penetrarlo sin compasión alguna, cogiéndolo de la cadera para que se le hiciera más fácil dicha tarea. Solo se centraba en satisfacer la erección que tenía entre las piernas, y que ahora mismo se encontraba dentro de su Madara. De esa forma, era definitivamente suyo y de nadie más. Tras varias estocadas seguidas y con fuerza se paró escuchando los jadeos que salían de la boca del mayor. Clavó las uñas en su cadera, haciéndole sin darse cuenta sangre.

Para su disgusto no podía dañarlo sin sentirse mal. No podía imaginarse su rostro en ese momento. No era como él. Le dolía el sufrimiento que le estaba proporcionando al ser que amaba, pero no podía parar ahora. Si quería comprobar que Madara sentía algo por Itachi, si quería que no se fuese de nuevo para siempre, debía seguir. Si quería sentirse vivo, debía continuar con esa tortura.

En un pequeño arrebato mordió su hombro mientras comenzaba de nuevo a penetrarle, rápidamente, deseando acabar con esa tontería. Pensando que nunca podría mirarle a la cara de nuevo. Que no podría volver a dormir, pensando que era un blando. Finalmente se corrió en su interior y salió de él, dejando de apretarle contra la pared. Se separó y se subió el pantalón con la mayor tranquilidad del mundo, como si nunca hubiese pasado eso.

—Será mejor que escuches con atención…—susurró mientras encendía un cigarro y le daba una calada. Se acercó y cogiéndole de los pelos, le metió la cabeza en el lavamanos. Abrió el grifo con agua helada y tras unos segundo lo cerró— Tengo a Itachi conmigo… Si lo quieres tendrás que venir mañana por la noche a esta dirección— le dejó un papel al lado con ella— a las 12. Si no vienes, lo dejaré encerrado en el patio, y supongo que sabes cuando a un vampiro débil le da el sol…suele desaparecer.

Soltó su cabello y le tiró el humo a la cara, sin querer mirar su rostro. Sin decir más palabra salió de aquel baño y se mezcló con los humanos que bailaban como si no hubiese mañana en aquella discoteca bajo una música ensordecedora. Su olor pronto se perdió y de esta manera no podría seguirlo.

jueves, 31 de marzo de 2011

Acontecimientos Inesperados.

Bien, aqui está el tan esperado reencuentro (?) y como no veo ninguna song que me guste pues pongo un AMV que me gusta mucho MadaIta 8D.

Música: I trust you to be untrustworthy. { Madara x Itachi }

Acontecimientos Inesperados.

Uno, dos, tres, cuatro. Una y otra vez contaba las vueltas que su dedo le daba al borde de aquel último vaso de whisky. Último vaso porque ya se había metido bastantes entre pecho y espalda. Notaba la lengua pastosa, casi podría jurar que sí movía demasiado la cabeza veía doble y lo más importante; se sentía bien, "feliz", una felicidad ilusoria además de efímera producida por el alcohol que recorría sus venas. Al menos estando borracho no se acordaba de Itachi, lo cual era una ventaja a la hora de buscar a alguien para divertirse un rato. No tendría prejuicios ni se empeñaría en buscar a alguien con el pelo y los ojos negros. Realmente, era un tanto deprimente que sólo se pudiera olvidar del moreno estando borracho, que sólo dejara de sentirse culpable en semejante estado.

Alto, alto, ¡STOP!

Era mejor que no siguiera por ahí. Cuando los tiros empezaban a seguir esa dirección era malo. Por muy borracho que estuviera, como su pusiera a pensar en ese tipo de cosas pasaba de estar en un estado de embriaguez "feliz" a un estado de embriaguez deprimente y eso a la hora de ligar era bastante perjudicial por no decir que en ese tipo de momentos su encanto y nivel de seducción podrían emular perfectamente los de un babuino. Aunque claro, por lo visto aquella noche no tendría que preocuparse de ligar con nadie, o al menos eso era lo que le decía la mano que se había colado hacia su vientre. Una sonrisa ladina se instalo en sus labios y antes de que el otro se arrepintiera de su acción se apoyó en el pecho de dicho sujeto, con los ojos cerrados, sin embargo, pronto el olor a vampiro inundó sus fosas nasales, cosa que provoco que frunciera el ceño con disgusto. ¿¡Otro igual que aquella rubia idiota!?

—Si piensas por un momento que soy un jodido extranjero idiota al que puedas desangrar vas listo, no creo que quieras acabar en el contendor con una vampiresa muy mona que se creía que era su cena —murmuró de mal humor y la voz sumamente pastosa. A pesar de todo, cuando abrió los ojos y alzó el rostro para ver a la persona que mantenía su palma en su vientre. Silencio, total y completo silencio. No sabía que decir, no sabía como reaccionar. Realmente… había bebido de más, no había otra explicación lógica a lo que sus ojos estaban contemplando. Itachi, detrás de él, con la mano en su vientre, mirándole fijamente con sus ojos negros. Tragó saliva lentamente y estiró con extremada lentitud sus brazos hacía él, acariciando con extremada suavidad su mejilla. ¿Era él? ¿Era un producto de esa borrachera el que viera a saber a que tipo como si tuviera la apariencia de su vampiro?

No estaba seguro pero… ¿qué demonios? Estaba borracho, hacía tiempo que no follaba y el hecho de que el otro estuviese tan cerca no ayudaba así que en un acto totalmente impulsivo agarró al moreno del cabello y tiró de él hacia abajo para besarle, devorando con pasión los labios del chico. Tras un rato con los labios pegados a los del contrario (y de paso haciendo que probase un poco del alcohol que había tomado con el sabor de su boca), se levantó del taburete (sin despegarse mucho del moreno) y le arrastró hacía el baño (de caballeros, aunque casi estuvo de meterse en el baño de mujeres). De paso, también prácticamente le arrastró a uno de los habitáculos donde se suponía que se iba a mear y tal, claro que en esos momentos en lo último que pensaba era en usar el inodoro, pues su boca prácticamente te dedicaba a cubrir la de Itachi y sus manos a tratar de colarse bajo su ropa.

¿Cómo mantenía el equilibrio estando con semejante borrachera encima? La práctica suponía. Había estado ya muchas veces borracho a lo largo de los años, había estado de pie sentado, ahora iba a realizar el acto sexual con alguien jodidamente parecido a Itachi. Era algo patético teniendo en cuenta que estaba en el baño de una discoteca cualquiera. Aunque prefería no pensar en eso.

—Espero que tengas condones porque yo no llevo ni uno —susurró contra su oreja, mordisqueándola, enredando los dedos en las hebras negras del vampiro, jugando con estas. Las tenía tan largas como él, suaves, negras. Casi podría jurar que olía igual que su vampiro. Pero era un demonio y los demonios no juraban.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Vacío



Vacío.

Después de esa frase y día, los pensamientos de Itachi se pararon en el tiempo, congelados, sin poder avanzar ni retroceder. Era como si simplemente su mente se hubiese desprendido de su cerebro y hubiese caído en el letargo de la noche, como si en su lugar alguien se hubiese establecido, y ese alguien era Ryu. Este nuevo ser sólo tenía un objetivo rondando su cabeza, matar a su creador, pero para ello debía encontrarlo, tarea ardua y difícil, teniendo en cuento que solo podía emplear el amparo de la noche y Madara era libre.

Se dejó guiar por aquel humano hasta una habitación, mucho mejor que aquella en la cual había malvivido durante muchos años, sin saber cuántos exactamente. Tan pronto como la puerta fue cerrada, notó que su cintura era atraída y sus labios eran mancillados por otro ser, que no era el que deseaba. Ferozmente, con lujuria… no puso demasiada atención en ese intento de beso.

Debes cerrar y tapar todas las ventanas— susurró tajante mientras el ataque continuaba y las manos del otro ser se perdían entre su ropa y su piel.

Se tensó cuando recordó que esas mismas palabras eran pronunciadas a menudo por esa persona que añoraba sin poder evitarlo. El humano le había hecho caso sin medir palabra y tras cerrar todo con bastante cuidado se acercó a él, empotrándole contra la pared.

Espero que te guste el dolor ya que…

No alcanzó a escuchar lo último, ya que todos, a partir de ese momento, serían tratados como objetos para Ryu. Medios para conseguir lo que tanto ansiaba, el dolor que llenaría el vacío que tenía que soportar y no podía.

Solo habían pasado unas pocas horas desde que había abandonado aquella cárcel de melancolía y no se sentía para nada liberado, su pena había crecido mientras alguien acariciaba su cuerpo con deseo. Mientras alguien trataba de torturarle físicamente, Ryu, solo podía concentrarse en recordar aquellos momentos en el cual alguien acariciaba con suavidad su cuerpo.

Pero de nuevo, perdido en sus pensamientos, la sed clamaba ya en su garganta, no era tanta como la que había sentido al salir aquel lugar de pesadilla, pero era lo bastante incontrolable como para que sus colmillos buscasen solos una piel en la cual clavarse con firmeza y extrajesen aquel delicioso néctar.

El humano se asustó en un principio, pero como siempre sucedía, tras unos lentos segundos cayó en su embrujo, y le permitió beber cuanto quisiera. Pronto su garganta dejó de mandar sobre su cerebro y separó la boca de su cuello, mirándole expectante, deseando en silencio que le dañarse, rasgase su fría piel y le hiciera gritar pidiendo la muerte, lo que nunca nadie antes había conseguido, pero tampoco le fue concedido ese deseo.

Aquel ser solo se poseyó varias veces esa noche, le dañó, le hizo sangrar, trató de ahorcarle, pero la única respuesta de Ryu fue completa indiferencia en su rostro… no sentía absolutamente nada.

Cuando se despertó todo estaba oscuro y no había nadie a su alrededor. El fugaz recuerdo de su pasado atormentó de nuevo su mente. Permaneció horas inmóvil, sabiendo que abriendo tan solo una pequeña brecha en las cortinas podría morir, sabiendo también que era demasiado cobarde como para hacerlo. Poco a poco notó que la temperatura bajaba, se hacía de noche y alguien entraba lentamente en la habitación. La misma cara, un rostro sin nombre y el mismo juego de la otra noche. No sabía cuánto tiempo exactamente había estado bajo esos brazos, pero las heridas ya no sangraban, el sexo poco a poco se había ido convirtiendo en algo dulce, y eso no le atraía en absoluto. Pronto el ser humano pronunció las palabras prohibidas.

Te quiero….no me importas lo que seas Ryu…

Palabras que desataron la ira del vampiro y le llevaron a arrancar la vida de aquel que se había atrevido a pronunciarlas. Se marchó de lugar cuando se cambió de ropa, ya que la que tenía quedó manchada de sangre. Tenía que comenzar de nuevo a buscar a alguien que pudiese llenar ese hiriente vacío de su ser. Pero lentamente se daba cuenta de que cuanto más tiempo pasaba con cada una de sus presas, antes decían esas fatales palabras.

Así que, herido de muerte, se lanzó de nuevo a la calle, sin un destino concreto y sin más objetivo que buscar refugio antes del amanecer. Caminaba sin descanso cuando sintió que su corazón le daba un vuelco. Corrió tras alguien y se lanzó a sus brazos besándole. Abrió los ojos algo emocionado, y chocó contra la realidad, de nuevo había corrido a los brazos de un desconocido pensado que había encontrado lo que con tanta ansia buscaba, pero no era él. No era su Madara. Se percataba lentamente de que iba olvidando su rostro, y el temor florecía en su interior. ¿Acaso era posible que se lo hubiese cruzado y no lo hubiese reconocido? Ese pensamiento aumentaba el vacío. El dolor ya no era suficiente para mantenerlo a raya, así que un día dejó que el sol quemase su piel, por unos segundos. Ni una lágrima escapó de sus orbes a pesar de que sintiese arder su piel. Estaba tan muerto por dentro, que lo único que temía era olvidar las facciones de esa persona que con tanto ahínco buscaba. Estaba prácticamente condenado, pues esa situación era su culpa y porque era un maldito cobarde.

No tenía pasado sin Madara, y sin él, tampoco tenía un futuro. Era una cruel paradoja que tenía más sentido con cada día que pasaba. Encima, las armas de autodestrucción creadas por los humanos no tenían efecto en él, ni el alcohol, ni las drogas ni el tabaco le llenaban ni le distraían. Ya ni su propio masoquismo era suficiente. Siempre que se hería, ya fuese a sí mismo como el sol, aparecía alguien para rescatarle, pero no era el ser que estimaba… no era Madara.

Pronto optó por integrarse en la sociedad, no renunció a ser maltratado en ningún momento, sino que buscó a humanos sin compasión, y no volvió a cometer los mismos errores que desencadenaron esas palabras. No dormía con ellos, y tan solo pasaba el tiempo necesario con ellos. Se buscó su propia casa y víctimas que no conocía, dejando así de buscarle…

Pero el destino era algo que no controlaba, y el azar quiso que un día entrase con una chica a una discoteca. No puso demasiada atención en la gente que bailaba, solo quería beber de ella e irse. Recibió la copa que esta le dio y dirigió una mirada en general. De nuevo su corazón se revolvió en su cavidad. Estaba allí, pero, ¿era una ilusión o era de verdad? Sin pensárselo dos veces se acercó en completo silencio al demonio, deslizando una mano por su vientre. No estaba seguro, pero olía… como su Madara.

domingo, 27 de marzo de 2011

Sin Sentidos.

Alá, finalmente está terminado xDDDD -le ha costado sudor lágrimas y sangre- Y puede que edite y haga algo más explicito dependiendo de como vea ciertas cosas (?).

Música: Hyadain - Sabin Raps.

Sin Sentidos


Cerró los ojos cuando salió de aquella habitación dejando tras de si, en el interior, algo que había empezado a considerar como lo más valioso de su existencia. Se contuvo de volver la vista atrás, preguntándose si el moreno le seguiría. Seguramente no pero estaba convencido de que terminaría yéndose de aquel lugar cuando se hartase de esperarle. Siempre había visto en su mirada el deseo de ver lo que había más allá de aquellas cuatro paredes. No tenía sentido mantenerle preso, no le estaba ayudando, sólo había conseguido que Itachi fuera completamente dependiente.

Y joder, eso no estaba bien. Quería lo mejor para el moreno y dios sabía que él no era precisamente lo mejor para nadie. Un suspiro pesado escapó de sus labios y lo primero que hizo tras abandonar aquel edificio fue perderse entre la gente de la calle, andando rápido, notando la sensación de querer echarse a correr azotar sus piernas, sin embargo, se contuvo y simplemente se dirigió al lugar en el que había cazado ya unas cuantas presas. ¿La razón? Necesitaba sentarse, pensar y coger algo de ropa. ¿Como podía hacerlo en una casa que no era suya?

Bueno, su dueño estaría muerto y la puerta seguramente seguiría abierta o quizá sólo tendría que forzarla y si había alguien dentro con acabar con la patética existencia del humano bastaba. Aunque cuando llegó lo único que tuvo que hacer fue forzarla, entrar en la habitación e ir a la cama para sentarse en ella. Su expresión denotaba una tranquilidad que no sentía interiormente. Al menos, ahora que estaba solo podría pensar las cosas con más calma y obviamente a la primera persona a la que volaron sus pensamientos fue al vampiro que acababa de dejar "libre".

—Estará mejor sin mi —susurró para si cerrando los ojos al recordar el brillo de los ojos de Itachi al salir de la habitación. Había parecido tan... feliz, tan curioso por todo lo que veía. Se frotó las sienes cansados, había hecho lo mejor para los dos, es decir, estaba pensando en lo importante que era ese estúpido mocoso para él. ¡Se había ablandado por su culpa...! ¿A quien trataba de engañar? Ablandado... no era ni la quinta parte de lo que pasaba. Lo que sentía le torturaba. Le había obligado a permanecer encerrado, ¿qué clase de respuesta le esperaba si le decía que empezaba a sentir algo más profundo por él?

Además... era imposible que alguien sintiera algo más que lástima por un ser tan despreciable como él lo era. Tampoco es como si tuviera intenciones de cambiar pero... no estaba seguro de ser capaz de verle huir de él. Maldita sea, había sentido como si algo se parase dentro de él cuando perdió al otro de vista. Casi quiso reír resignado. Si aquello le había sentado mal no estaba seguro de como haría para no ir a visitarle. Aunque en realidad sólo tenía que convencerse de que el otro se había marchado. Le había dejado la puerta abierta, así que estaba seguro de que no esperaría mucho antes de irse de aquel lugar.

Estaba perdiendo el tiempo en aquel lugar, pensando en cosas que había decidido que no tenían solución así que tras un rato se levantó, yendo directo al armario, abriéndolo y cogiendo toda la ropa que vio la cual seguramente le estaría grande a juzgar por la talla que el hombre al que arrastró en aquella ocasión había tenido. Lo metió todo en una maleta que había allí tirada y la cogió. ¿Qué iba a hacer en esos momentos? Bueno, salir del país era una opción más que viable, es más, cuando salió de aquel lugar cogió un taxi directo hacia el aeropuerto. Tenía dinero, si quisiera comprar un avio podría pero eso es un tema aparte.

¿Su nuevo destino? Cuanto más alejado de aquel país estuviera mejor. No más recuerdos, no más intentos de cuidar a alguien, de enseñar nada a nadie. Al menos ya no le quedaban pedazos de su corazón que entregar. Alguien se los había quedado todos. Pero como iba diciendo, Madara emprendió un viaje, bueno, varios, fue viajando con el pasar del tiempo, sin quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, evitando tener el llamado hogar. Paso mucho tiempo hasta que un día, por una decisión espontánea, decidió ir a visitar Alemania, concretamente la capital de aquel país.

Hacía tanto tiempo que no pisaba el suelo alemán que de no haber sido un demonio seguramente se habría sorprendido del cambio tan drástico que había llegado a tener aquel trozo de tierra. Aunque era bien cierto que si había algo que no solía cambiar mucho de cada país que visitaba era el clima. El frío característico de ese lugar le invadió nada más poner un pie fuera del aeropuerto. Había olvidado que en aquel lugar enero era sinónimo de invierno y no había cogido nada de abrigo. No le dio mayor importancia de todas formas y caminó por las calles berlinesas, mirando a su alrededor de tanto en tanto y antes de que se diera cuenta sus pasos le llevaron a un lugar que se había propuesto olvidar hacia mucho tiempo.

Chasqueó la lengua con desagrado al verse de nuevo en aquel callejón y tras estar parado durante un buen rato sin hacer nada se sentó encima del contenedor que allí había. Era curioso, la ciudad había cambiado, la gente había cambiado y sin embargo... había cosas que no cambiaban. Estaba sorprendido de que aquel lugar siguiera en pie pero como siempre, su rostro no mostró signo alguno de haber reconocido algo. Tras varios minutos en aquel lugar pensó que nada ganaría estando allí sentado como un idiota. Tenía que buscar un hotel para pasar la noche, además, ya estaba anocheciendo y eso sólo significaba una cosa... vampiros a la calle.

Alisó un poco su camisa y buscó algún lugar que pareciera decente o un motel destartalado, tampoco le importaba precisamente. Aquel día no entraba dentro de sus planes ligar con nadie... claro que muchas veces no todo sale como esperamos. Eran ya las doce de la noche pasadas y no podía dormir así que decidió dar un paseo nocturno por las calles de Berlín. Había oído de unos turistas aquella tarde que la catedral de Berlín era hermosa por la noche, sin embargo, cuando posó sus ojos negros por aquel trozo de piedra construida no sintió nada, quizá porque el sentimiento del cual estaba impregnada aquella arquitectura era esa cosa llamada "fe" que siempre le había provocado escepticismo.

—Vaya, vaya, de todos los lugares en los que pensé que algún día podríamos volver a vernos... si te soy sincero este es el último en el que había pensado —la voz sonó demasiado cerca de su oreja para su gusto. A pesar de que reconocía la voz (se había quedado clavada en su memoria). Un pequeño gruñido escapó de sus labios y giró su rostro hacía la persona que permanecía agachado con el rostro pegado a su oreja aún.

—¿Volver a vernos? ¿Debo sentirme orgulloso de que quisieras volver a verme? —preguntó, con la burla impregnando sus palabras y los ojos negros clavados en los azules del vampiro rubio que simplemente sonrío con mofa.

—¿Debo suponer que mi regalo no te gusto? —preguntó, olisqueando el cuello de Madara—. Es difícil olvidar el sabor de tu sangre —murmuró roncamente, apresando el delgado cuerpo entre sus musculosos brazos, atrayéndole hacía él, casi como si quisiera hundirle en la oscuridad de su cuerpo—. He buscado como loco volver a probarlo pero los otros demonios con los que me he topado eran bastante escépticos a la hora de dejar que les mordiese.

—¿Qué novedad? —preguntó, inexpresivo, cerrando los ojos molesto al sentir los colmillos del vampiro incrustarse en su cuello, bebiendo ávidamente. Joder, había olvidado que los vampiros puros, los que no son convertidos por otros si no que nace por la mutación humana una vez probaban la sangre demoníaca se hacían adicta a ésta y luego la perseguían como un drogadicto busca su heroína. ¡Si hasta se estaba alimentando en plena calle! No sin algo de esfuerzo, consiguió separar al vampiro de su cuerpo, tapándose el cuello mientras este se relamía—. Tsk... vayamos a otro sitio —expresó no sin cierto hastío. Agarrando de la muñeca al alemán para tirar de él sin ningún cuidado, llevándole al motel donde se alojaba.

Al menos allí podría ocultar la sangre y ya que iba a tener a ese gilipollas detrás mientras permaneciera en Alemania podría darse algo de "alegría" al cuerpo. Ni siquiera puso un pie dentro de la habitación y ya se vio azotado contra la cama, acorralado mientras el vampiro rubio, volvía a buscar con desesperación su cuello, bebiendo como un sediento en el desierto.

—Parece que llevas mucho tiempo en abstinencia, vampiro —se burló el demonio, ganándose un gruñido de parte del de ojos más claros así como un pellizco en su cadera. Madara gruñó con desagrado, detestaba ser considerado comida, detestaba SER la comida de alguien así que más le valía a ese idiota ser un buen polvo o lo mandaría a la mierda directamente. Por suerte (para el vampiro) éste pareció escuchar sus pensamientos pues antes de que pudiera intentar separar al alemán de su cuerpo, éste ya le había girado para prácticamente devorar sus labios, llegando a notar pegada a su muslo la erección que tenía su amante de turno.

—No puedes huir de mi, demonio. Iré a buscarte —murmuró en su oído, quitándole rápidamente la ropa para arañar la piel ajena hasta dañarla, hasta conseguir que el olor salado de la sangre quedase impregnado en la habitación. Aquella noche le poseyó sin ningún tipo de preparación, casi como si quisiera marcar la piel de Madara con desesperación. Intentos fútiles pues la piel de Madara jamás le pertenecería. Su piel había sido marcada hacía ya demasiado tiempo y la marca aún permanecía demasiado fresca como para que alguien que no le importaba en absoluto pudiera hacerla cicatrizar.

A la mañana siguiente, aprovechando que los vampiros dormían salió de la habitación sin hacer ningún ruido, ya vestido y con la maleta en las manos. Ver de nuevo a aquel hombre había abierto viejas heridas que creía ya habían sido cerradas y para su desgracia, su mente no paraba de repetirle que volviese a aquel lugar, a aquella habitación, que comprobase que ese vampiro idiota no era tan idiota como siempre había creído. Así que en cuanto pudo, cogió el primer avión que salía al lugar que tanto había estado evitando.

***

El olor a carne podrida azotó su nariz con fuerza instándole en un primer momento a quedarse en la puerta y no entrar a ese nido de muerte pero tras unos segundos de duda, algo dentro de él le obligo a internarse en la habitación y buscar el interruptor con la mano para presionarlo, haciendo que una débil luz iluminara el lugar. Huesos humanos adornaban el lugar, las sabanas estaban cubiertas de la sangre de los infelices que habían pisado aquella habitación y Madara no pudo hacer nada más que sentir como algo dentro de él se calmaba. Itachi no estaba allí.

Avanzó con cuidado de no manchar sus zapatos con la sangre reseca o con la carne putrefacta que aun quedaba por allí y en cuanto estuvo palmo a palmo con la cama se sentó en ella. Recordando algo en lo que había estado tratando de evitar pensar. Habían pasado años y seguía viendo todo aquello como un sinsentido. Era estúpido que su mente volviera una y otra vez a la persona que había liberado de su yugo.

—Soy patético —expresó, riendo resignadamente. Dejándose caer en la cama para cerrar los ojos. Tenía claro que dormir en un lugar así no era precisamente lo más adecuado para su salud pero empezaba a notar como la pereza le invadía por lo que estuvo varias horas en aquella postura antes de decidir a largarse de allí. Sólo esperaba que Itachi fuera capaz de cuidarse sólo y que hubiese aprendido a vivir como un vampiro normal. Sin llamar la atención y esas cosas. Suspiró pesadamente antes de coger un taxi para dirigirse a coger un nuevo avión que le llevaría a un nuevo destino. ¿Durante cuanto tiempo más iba a echarle de menos?

***

España, conocida en una época como la tierra donde nunca se pone el sol. Ahora era una simple península, un país pequeño que no podía competir contra las grandes potencias. Un país que pasaba desapercibido ante los ojos de las grandes naciones, que parecía sólo servir para pasar las vacaciones por su clima agradable. Llevaba ya una semana allí, disfrutando del paisaje medio rural de algunas zonas e ignorando el bullicio de las grandes ciudades. Sin embargo, aquella noche se encontraba paseando por las calles de Madrid, el bullicio azotaba el lugar por lo que, tratando de pasar desapercibido decidió atravesar uno de los callejones oscuros de la capital española.

—Oye, guapo, ¿te apetece pasar una noche divertida conmigo? —la pregunta le tomó algo desprevenido así como el hecho de que aquella mujer le asaltara en pleno callejón, enredando sus brazos de serpiente en su cuello, pegando su voluptuoso pecho a su espalda. Ni siquiera pudo decir que no le interesaba, antes de que abriese la boca ya tenía los colmillos de la vampira incrustados en su cuello sin ningún cuidado, bebiendo de él. Gruñó con fuerza, estando ya hasta las narices de que todo los vampiros de la ciudad pensasen que era su cena o algo por el estilo sólo por ser extranjero así que aquella vez no se contuvo y atravesó a la chica el pecho con una mano.

—Tsk... por tu culpa tendré que buscar algún lugar donde limpiarme —masculló a la vampiresa que yacía muerta en el suelo, cogió el cadáver sin ningún cuidado y lo echó dentro del cubo de la basura y tapando su mano ensangrentada como pudo se deslizo dentro de una de las discotecas de aquella zona. Una vez dentro del lugar se dio cuenta de que la música era extraña en comparación a otras discotecas en las que había estado, sin embargo, no le prestó la mayor importancia. Fue directo al baño y allí lavó su mano hasta que dejo de tener aquel color carmesí en su piel.

Al salir del baño, fue directo hasta la barra, ya que estaba allí aprovecharía para beber un rato. Quizá de paso se emborracharía. Ni siquiera se había percatado de la sangre que aun permanecía pegada a su cuello así como de que las marcas de los incisivos de aquella mujer aún permanecían en su piel. Si lo hubiera hecho... quizá sólo habría llegado a pensar "puta vampiresa" y lo habría dejado pasar igual.

—Un whisky, doble —le gruñó al camarero. Apoyándose algo más en la barra de la discoteca, pensando seriamente en las ventajas y desventajas de emborracharse y en si tenia ganas de acabar en la cama de alguna mujer o de algún hombre. ¿Qué coño? Estaba aburrido. Cuando lo tuvo enfrente se bebió el vaso de whisky de un trago y pidió otro. Decidido, se ligaría al primero que le entrase, fuera hombre o mujer... pero se lo ligaría después de estar borracho. Jodidamente borracho. Tan borracho que no consiguiera distinguir entre un vampiro convertido y uno nacido.

Oscuridad

La eterna oscuridad que inundaba la habitación era lo único que había visto desde que tenía conciencia. Nada había cambiado desde el principio de los tiempos, pero eso no le importaba pues tenía lo único que necesitaba. Esa persona que venía a la misma hora era lo único que necesitaba. Su largo cabello del mismo color que la noche cuando la luna brillaba en silencio. Sabía que eran distintos, que ese ser no era cómo él, pero desde que había abierto sus ojos era lo único que había permanecido a su lado.

Como todas las noches arrastraba algo consigo. Era igual que ellos en forma física, pero su olor era completamente distinto. Se acercó siseando lentamente, ya que más de una vez se había llevado algún que otro golpe por abalanzarse contra el mayor. Cuando este soltó al humano, como le llamaba, en el suelo se acercó olisqueándole. Hasta que Madara, sí, fue la primera palabra que aprendió a decir, y era el nombre de aquel ente tan importante para él, no le hizo un corte y la sangre comenzó a manar de este no le clavó los dientes y comenzó a beber.

Cuando el fuego de su garganta que se extendía por sus venas se calmó, separó sus labios de la piel ajena y dirigió su mirada a Madara, que le miraba expectante, como todas las veces que sucedían el ritual. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que despertó, solo que había traído a más de un centenar de esos seres.

A continuación pasó lo de siempre. El moreno tomó asiento en lo que él denominaba cama y se dedicó a mirarle en silencio. Más de una vez le había acercado y le había comenzado a acariciar el cabello. Se lo había recogido y susurraba su nombre, sí, Itachi le llamaba. No sabía por qué, pero le trataba como si fuese un bebe, pero realmente lo era, pues no sabía absolutamente nada. No había salido de esas cuatro paredes que no tenían absolutamente nada. No había ventanas que permitiesen ver lo que había, y el mayor no le permitía seguirle cuando abría la puerta y se marchaba. Normalmente cuando se quedaba solo podía escuchar voces fuera, pero no entendía las palabras que pronunciaban, así que se dedicaba a dormir.

¿Cuándo podré ir contigo? — susurró el menor mientras en sus orbes rojizos se observaba la emoción que contenía la pregunta. Quería seguirle, y saber qué había fuera. Saber más sobre su Maestro, aunque Madara se enfadase cuando le llamase así.

Aún no estás preparado— contestó el otro escuetamente.

El vampiro bajó la mirada por unos pocos seguros. Nunca conseguía mucho del otro. Es como si no estuviese dispuesto a dejarle salir nunca, como si le protegiese demasiado. Comenzó a fijarse en su cuello, esbelto y sugerente…. Se acercó lentamente y el otro dejó que lo hiciera. Sus labios se acercaron con rapidez, como si fuesen los polos opuestos de unos imanes. Pronto subió la temperatura ambiente. Ninguno sabía cuando habían comenzado a atraerse, pero ya era algo imparable. Itachi solo podía recordar que necesitaba besarle y ser poseído por el otro cada cierto tiempo, claro que no entendía el por qué.

Pronto fue recostado en la cama con cierta brusquedad mientras la lengua del otro comenzaba a explorar su cuello con rapidez. Simplemente se dedicó a acariciar su larga y suave cabellera. La admiración que profesaba por Madara, pasaba la que un alumno puede tener por su maestro. Las horas que pasaba solo se dedicaba a recordar cada gesto y movimiento del moreno, pero eso no podía decirlo.

Las pocas prendas que ambos llevaban pronto acabaron en el suelo, abandonado la piel que protegían a las caricias de ellos mismos. Sus lenguas jugaban con pasión, y a la vez lentamente, no tenían ningún tipo de prisa, tenían toda la eternidad.

La primera vez que lo hicieron ya era lejana, el mismo Itachi ya había ido cogiendo experiencia hasta el punto de que demostraba agrado al dolor. Siempre con esos ojos negros reclamaba que la introdujese sin ningún tipo de cuidado, y el otro no podía remediar darle lo que pedía. En esta ocasión pasó lo mismo, y el mayor no podía negar que le encantaba entrar de esa forma brutal y ser recibido con un abrazo. Las uñas del vampiro se clavaban cada noche en su piel, haciéndole daño, pero demostrando que todo aquello no era una ilusión. De la garganta del menor no salió ningún quejido, así que Madara le mordió levemente la nuez de Adán, siempre le castigaba con un tortuoso silencio. Pero solo recibió como respuesta una mirada. Esa que le encantaba. Sus ojos decían todo lo que su cuerpo no expresaba, sentía un placer desbordante, y algo más que el mayor no quiso identificar con claridad. ¿Le aterrorizaba lo que significaba?... Claro que sí, por eso siempre lo obviaba, aunque era muy evidente.

Comenzó a embestirle rápidamente mientras el único sonido de la habitación eran los jadeos del menor. Este estrechaba su entrada para provocar a Madara, y que gimiese este, pero no estaba muy dispuesto a hacerlo. El ritmo aumentaba cada vez más, hasta que ambos llegaron al éxtasis y se quedaron jadeando en silencio. El demonio se apoyó en Itachi un rato mientras este le lamía el cuello distraídamente. Ambos sabían que pronto el otro se iría, aunque claro, el vampiro no tenía ni idea de por qué siempre se iba, no le estaba permitido preguntar. Así que cuando el otro se levantó y comenzó a vestirse, solo pudo observar su robusta espalda en completo silencio. Se volvía a quedar solo en esa agobiante y pequeña habitación… Notó como el otro le desordenó el pelo y caminó hasta la puerta. La abrió y salió sin mediar palabra alguna. Escuchó el mismo ruido, ya sabía que lo que hacía era cerrar la puerta, más de una vez había tratado de seguirle, pero no podía abrirla. El joven vampiro cerró los ojos dispuesto a dormir hasta que el mayor volviese de nuevo, no podía soportar el vacio que le provocaba la marcha del otro.

Todas las veces que venía pasaba lo mismo, Itachi dejó de contarlas hacía mucho, pero notaba que cada vez le dolía más quedarse solo. Oír que abría hacía que un extraño sentimiento golpease su pecho, que poco a poco se confundía con la sed. Un día como otro cualquiera, el mayor entró sin una presa en sus manos, sino una bolsa. Se acercó y se la entregó. El menor, que estaba sentado en el suelo alzó la ceja y observó lo que contenía, que era ropa.

Póntela, vamos a salir — dijo únicamente Madara, que se sorprendió al ver la ilusión reflejada en el rostro del menor, incluso le pareció ver una sonrisa en sus labios.

Sin esperar más, Itachi se desnudó y se vistió, sin percatarse de la mirada lasciva que tenía el demonio en sus ojos cuando observó su piel desnuda. Tan pronto como se puso las prendas, el otro se acercó y le peinó el cabello con cuidado, sorprendido de lo bien que le quedaba el negro. Sin poder evitarlo le besó los labios con cuidado, y fue respondido. Le agarró del brazo y le llevó hasta la puerta. La inseguridad le invadió durante un breve periodo de tiempo. Nunca le había sacado de aquellas cuatro paredes, debía tener cuidado, porque tampoco le podía dejar ahí para siempre. Le apretó un poco el brazo al pensar que se podía manchar de su lado…

Finalmente abrió la puerta y dejó que el menor saliese… La inocencia se apoderó de su rostro, a la vez que la curiosidad… Madara no pudo evitar que un leve sonrojo, pero fugaz cruzara su cara. Tragó saliva y le agarró de la mano para sacarlo de ahí, tendría que beber cuanto antes, para calmar su sed y así ayudarle a redescubrir el mundo. Tuvo que tirar muchas veces de él, porque se quedaba mirando fijamente a las ventanas.

Lo sacó de aquel viejo edificio y le pegó más a él, pues caminaban personas por la calle y el menor comenzaba a emitir leves gruñidos y siseos. La excitación y la emoción dejaban de dominar el cuerpo de Itachi, y daban paso al ardor de su garganta. Los colmillos comenzaron a asomar por sus labios, necesitaba beber ya. El demonio localizó una presa fácil y se la señaló al vampiro, que fijó su vista en él. Debía saber si sabía cazar por sí solo, y si luego podría controlarse. Observó con fría crueldad como su pequeño mataba al humano y bebía su sangre con rapidez, sin mancharse. Ante ese pequeño detalle alzó la ceja, la verdad es que Itachi no quería manchar algo que le había dado su adorado maestro.

Cuando estuvo saciado se acercó a Madara y este le limpió los labios con cuidado. Le cogió de nuevo de la mano y le llevó por las calles vacías hacía su casa. Itachi se frenaba cada vez que podía, mirando lo que fuese, desde la luna hasta un gato que les miraba desde la oscuridad. Pronto sus manos se separaron. El mayor se giró en busca del vampiro, pero solo alcanzó a ver que se metía en una calle. Sintió que su corazón se le escapaba y corrió tratando de alcanzarle.

Pronto se oyeron unos gritos que hicieron que el corazón de Madara se parase unos segundos. Dejó de correr y caminó en silencio hasta la plaza donde se encontraba el menor. Los ojos rojos de Itachi demostraban que no estaba preparado para el exterior. Cadáveres yacían en el suelo, inertes, desangrándose. No había ya nadie vivo, pero Itachi seguía moviéndolos para ver si lo estaban. Se acercó lentamente hasta él.

¿Quieres? — susurró ofreciéndole el cuello de una de las víctimas. En ese momento comprendió que no era bueno para cuidar de su pequeño. Este pensaba que eran iguales, pero no era verdad. El mayor negó y agarró la mano de Itachi, sin saber realmente qué hacer ­— ¿Qué pasa?

No obtuvo respuesta ninguna. Le siguió en completo silencio mientras veía que regresaban de nuevo a esa oscura habitación. Tardaron mucho menos en llegar, pero la situación era tensa. Abrió la pesada puerta y metió al vampiro bruscamente en su interior. Este le miró sorprendido y se acercó hasta él.

¿Qué pasa? — susurró.

No soy como tú, ¿por qué no lo entiendes de una jodida vez?

¿Qué es lo que quieres decir, Madara?

Veo que esto no va a llegar a ninguna parte — dijo molesto y se fue sin cerrar la puerta.

Itachi miró sorprendido como se fue. No sabía cómo reaccionar ante esa puerta abierta. Así que se limitó a cerrarla y sentarse en la cama. Esperándole. Pasaron varias horas…. Muchas más… días… meses….

La sed, ese maldito sentimiento les estaba volviendo loco. No se podía mover de su lecho, estaba tan débil que no entendía porque el otro no había venido. Notaba un agudo dolor en el pecho, como si le faltase algo importante. Miró la puerta con algo de esperanza, como siempre, pero siempre pasaba lo mismo, nada….ningún ruido, ni pasos en el pasillo. Silencio, el más absoluto silencio. Las últimas palabras de su maestro resonaban en su cabeza sin descanso… ¿A qué se refería con ellas?... ¿Le había abandonado? No podía ser… y en tal caso, ¿por qué?

Las preguntas le torturaban sin dejarle dormir, sentía una agobiante presencia a su alrededor, olía a muerte, ¿se estaba muriendo? Muchas dudas surgieron a partir de esa pregunta, ¿y si le había pasado algo? Debía ir a buscarle…a su Madara. Trató de levantarse, pero cayó pesadamente contra el suelo, quedándose sin aliento. Entonces oyó algunos ruidos. Miró de nuevo hacia la maldita puerta, y notó como alguien la abría lentamente… El corazón se le encogió levemente, pero la desilusión acudió rápidamente hacia su rostro. No era él.

Era una mujer, que se acercó preocupada hasta él. Demasiado ingenua. Pronto su vida acabó, bajo los colmillos de Itachi. Tras beber y observar como sus latidos paraba, una ira comenzó a surgir desde lo más profundo de su ser. Un líquido cristalino, salió de sus ojos. Lo tocó, estaba llorando. Por fin había comprendido que no iba a venir, pero no quería creerlo, sabía que era su maldita culpa. Comenzó a desgarrar furioso la piel de su nueva presa y cuando colmó la frustración en ella se separó. Cerró la puerta y se echó de nuevo la cama.

Permaneció mucho tiempo en la habitación. Al principio olió mal, el cuerpo de la joven yacía descompuesto, pero poco a poco solo quedó los huesos de ella. Se había alimentado de unos pequeños animales que entraban de vez en cuando. Siempre mirando la puerta, culpándose de la marcha de lo único que le completaba. Desamparado en el vacío de un mundo que no comprendía, ni conocía.

Uno de los días alguien abrió la puerta de nuevo, notó como su corazón volvió a latir. Era un hombre, alzó la vista, y comprobó con desagrado que no era él. El vacio volvió a dañarle profundamente. Sí, prácticamente estaba muerto por dentro.

Chico, ¿estás bien? — el hombre solo obtuvo una risotada macabra como respuesta. Sus ojos se fijaron en los huesos que habían en el suelo. Un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras trataba de volver a la puerta, pero ya era demasiado tarde.

Y tus últimas palabras se pierden en el silencio de este mundo imperfecto — susurró el propietario de tal risa, mientras se acercaba al hombre — cayendo en el averno del dolor y muriendo…

Esas fueron las última frases que oyó aquel hombre antes de morir bajo un despiadado asesino. Se atrevió a cruzar la puerta por fin, tras una larga espera de medio siglo…. Cincuenta años de letargo que le habían pasado factura. Ya no era el mismo, se había convertido en algo que a si mismo le daba pavor. Salió de aquel ruinoso edificio, jurando venganza hacía su maestro y se internó en la oscuridad de la noche. No tardó mucho en encontrar a una persona paseando, que no tenía una pinta muy agradable.

Eres extraño y hermoso — comentó aquel humano sin saber que estaba entrando en las fauces del lobo — ¿Cómo te llamas? — Itachi le miró sin expresión ninguna en su rostro y con los ojos apagados.

Mi nombre es Ryu… ¿Quieres sexo?...

Eso sorprendió al otro que sonrió y le llevo hacia algún lugar…