jueves, 31 de marzo de 2011

Acontecimientos Inesperados.

Bien, aqui está el tan esperado reencuentro (?) y como no veo ninguna song que me guste pues pongo un AMV que me gusta mucho MadaIta 8D.

Música: I trust you to be untrustworthy. { Madara x Itachi }

Acontecimientos Inesperados.

Uno, dos, tres, cuatro. Una y otra vez contaba las vueltas que su dedo le daba al borde de aquel último vaso de whisky. Último vaso porque ya se había metido bastantes entre pecho y espalda. Notaba la lengua pastosa, casi podría jurar que sí movía demasiado la cabeza veía doble y lo más importante; se sentía bien, "feliz", una felicidad ilusoria además de efímera producida por el alcohol que recorría sus venas. Al menos estando borracho no se acordaba de Itachi, lo cual era una ventaja a la hora de buscar a alguien para divertirse un rato. No tendría prejuicios ni se empeñaría en buscar a alguien con el pelo y los ojos negros. Realmente, era un tanto deprimente que sólo se pudiera olvidar del moreno estando borracho, que sólo dejara de sentirse culpable en semejante estado.

Alto, alto, ¡STOP!

Era mejor que no siguiera por ahí. Cuando los tiros empezaban a seguir esa dirección era malo. Por muy borracho que estuviera, como su pusiera a pensar en ese tipo de cosas pasaba de estar en un estado de embriaguez "feliz" a un estado de embriaguez deprimente y eso a la hora de ligar era bastante perjudicial por no decir que en ese tipo de momentos su encanto y nivel de seducción podrían emular perfectamente los de un babuino. Aunque claro, por lo visto aquella noche no tendría que preocuparse de ligar con nadie, o al menos eso era lo que le decía la mano que se había colado hacia su vientre. Una sonrisa ladina se instalo en sus labios y antes de que el otro se arrepintiera de su acción se apoyó en el pecho de dicho sujeto, con los ojos cerrados, sin embargo, pronto el olor a vampiro inundó sus fosas nasales, cosa que provoco que frunciera el ceño con disgusto. ¿¡Otro igual que aquella rubia idiota!?

—Si piensas por un momento que soy un jodido extranjero idiota al que puedas desangrar vas listo, no creo que quieras acabar en el contendor con una vampiresa muy mona que se creía que era su cena —murmuró de mal humor y la voz sumamente pastosa. A pesar de todo, cuando abrió los ojos y alzó el rostro para ver a la persona que mantenía su palma en su vientre. Silencio, total y completo silencio. No sabía que decir, no sabía como reaccionar. Realmente… había bebido de más, no había otra explicación lógica a lo que sus ojos estaban contemplando. Itachi, detrás de él, con la mano en su vientre, mirándole fijamente con sus ojos negros. Tragó saliva lentamente y estiró con extremada lentitud sus brazos hacía él, acariciando con extremada suavidad su mejilla. ¿Era él? ¿Era un producto de esa borrachera el que viera a saber a que tipo como si tuviera la apariencia de su vampiro?

No estaba seguro pero… ¿qué demonios? Estaba borracho, hacía tiempo que no follaba y el hecho de que el otro estuviese tan cerca no ayudaba así que en un acto totalmente impulsivo agarró al moreno del cabello y tiró de él hacia abajo para besarle, devorando con pasión los labios del chico. Tras un rato con los labios pegados a los del contrario (y de paso haciendo que probase un poco del alcohol que había tomado con el sabor de su boca), se levantó del taburete (sin despegarse mucho del moreno) y le arrastró hacía el baño (de caballeros, aunque casi estuvo de meterse en el baño de mujeres). De paso, también prácticamente le arrastró a uno de los habitáculos donde se suponía que se iba a mear y tal, claro que en esos momentos en lo último que pensaba era en usar el inodoro, pues su boca prácticamente te dedicaba a cubrir la de Itachi y sus manos a tratar de colarse bajo su ropa.

¿Cómo mantenía el equilibrio estando con semejante borrachera encima? La práctica suponía. Había estado ya muchas veces borracho a lo largo de los años, había estado de pie sentado, ahora iba a realizar el acto sexual con alguien jodidamente parecido a Itachi. Era algo patético teniendo en cuenta que estaba en el baño de una discoteca cualquiera. Aunque prefería no pensar en eso.

—Espero que tengas condones porque yo no llevo ni uno —susurró contra su oreja, mordisqueándola, enredando los dedos en las hebras negras del vampiro, jugando con estas. Las tenía tan largas como él, suaves, negras. Casi podría jurar que olía igual que su vampiro. Pero era un demonio y los demonios no juraban.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Vacío



Vacío.

Después de esa frase y día, los pensamientos de Itachi se pararon en el tiempo, congelados, sin poder avanzar ni retroceder. Era como si simplemente su mente se hubiese desprendido de su cerebro y hubiese caído en el letargo de la noche, como si en su lugar alguien se hubiese establecido, y ese alguien era Ryu. Este nuevo ser sólo tenía un objetivo rondando su cabeza, matar a su creador, pero para ello debía encontrarlo, tarea ardua y difícil, teniendo en cuento que solo podía emplear el amparo de la noche y Madara era libre.

Se dejó guiar por aquel humano hasta una habitación, mucho mejor que aquella en la cual había malvivido durante muchos años, sin saber cuántos exactamente. Tan pronto como la puerta fue cerrada, notó que su cintura era atraída y sus labios eran mancillados por otro ser, que no era el que deseaba. Ferozmente, con lujuria… no puso demasiada atención en ese intento de beso.

Debes cerrar y tapar todas las ventanas— susurró tajante mientras el ataque continuaba y las manos del otro ser se perdían entre su ropa y su piel.

Se tensó cuando recordó que esas mismas palabras eran pronunciadas a menudo por esa persona que añoraba sin poder evitarlo. El humano le había hecho caso sin medir palabra y tras cerrar todo con bastante cuidado se acercó a él, empotrándole contra la pared.

Espero que te guste el dolor ya que…

No alcanzó a escuchar lo último, ya que todos, a partir de ese momento, serían tratados como objetos para Ryu. Medios para conseguir lo que tanto ansiaba, el dolor que llenaría el vacío que tenía que soportar y no podía.

Solo habían pasado unas pocas horas desde que había abandonado aquella cárcel de melancolía y no se sentía para nada liberado, su pena había crecido mientras alguien acariciaba su cuerpo con deseo. Mientras alguien trataba de torturarle físicamente, Ryu, solo podía concentrarse en recordar aquellos momentos en el cual alguien acariciaba con suavidad su cuerpo.

Pero de nuevo, perdido en sus pensamientos, la sed clamaba ya en su garganta, no era tanta como la que había sentido al salir aquel lugar de pesadilla, pero era lo bastante incontrolable como para que sus colmillos buscasen solos una piel en la cual clavarse con firmeza y extrajesen aquel delicioso néctar.

El humano se asustó en un principio, pero como siempre sucedía, tras unos lentos segundos cayó en su embrujo, y le permitió beber cuanto quisiera. Pronto su garganta dejó de mandar sobre su cerebro y separó la boca de su cuello, mirándole expectante, deseando en silencio que le dañarse, rasgase su fría piel y le hiciera gritar pidiendo la muerte, lo que nunca nadie antes había conseguido, pero tampoco le fue concedido ese deseo.

Aquel ser solo se poseyó varias veces esa noche, le dañó, le hizo sangrar, trató de ahorcarle, pero la única respuesta de Ryu fue completa indiferencia en su rostro… no sentía absolutamente nada.

Cuando se despertó todo estaba oscuro y no había nadie a su alrededor. El fugaz recuerdo de su pasado atormentó de nuevo su mente. Permaneció horas inmóvil, sabiendo que abriendo tan solo una pequeña brecha en las cortinas podría morir, sabiendo también que era demasiado cobarde como para hacerlo. Poco a poco notó que la temperatura bajaba, se hacía de noche y alguien entraba lentamente en la habitación. La misma cara, un rostro sin nombre y el mismo juego de la otra noche. No sabía cuánto tiempo exactamente había estado bajo esos brazos, pero las heridas ya no sangraban, el sexo poco a poco se había ido convirtiendo en algo dulce, y eso no le atraía en absoluto. Pronto el ser humano pronunció las palabras prohibidas.

Te quiero….no me importas lo que seas Ryu…

Palabras que desataron la ira del vampiro y le llevaron a arrancar la vida de aquel que se había atrevido a pronunciarlas. Se marchó de lugar cuando se cambió de ropa, ya que la que tenía quedó manchada de sangre. Tenía que comenzar de nuevo a buscar a alguien que pudiese llenar ese hiriente vacío de su ser. Pero lentamente se daba cuenta de que cuanto más tiempo pasaba con cada una de sus presas, antes decían esas fatales palabras.

Así que, herido de muerte, se lanzó de nuevo a la calle, sin un destino concreto y sin más objetivo que buscar refugio antes del amanecer. Caminaba sin descanso cuando sintió que su corazón le daba un vuelco. Corrió tras alguien y se lanzó a sus brazos besándole. Abrió los ojos algo emocionado, y chocó contra la realidad, de nuevo había corrido a los brazos de un desconocido pensado que había encontrado lo que con tanta ansia buscaba, pero no era él. No era su Madara. Se percataba lentamente de que iba olvidando su rostro, y el temor florecía en su interior. ¿Acaso era posible que se lo hubiese cruzado y no lo hubiese reconocido? Ese pensamiento aumentaba el vacío. El dolor ya no era suficiente para mantenerlo a raya, así que un día dejó que el sol quemase su piel, por unos segundos. Ni una lágrima escapó de sus orbes a pesar de que sintiese arder su piel. Estaba tan muerto por dentro, que lo único que temía era olvidar las facciones de esa persona que con tanto ahínco buscaba. Estaba prácticamente condenado, pues esa situación era su culpa y porque era un maldito cobarde.

No tenía pasado sin Madara, y sin él, tampoco tenía un futuro. Era una cruel paradoja que tenía más sentido con cada día que pasaba. Encima, las armas de autodestrucción creadas por los humanos no tenían efecto en él, ni el alcohol, ni las drogas ni el tabaco le llenaban ni le distraían. Ya ni su propio masoquismo era suficiente. Siempre que se hería, ya fuese a sí mismo como el sol, aparecía alguien para rescatarle, pero no era el ser que estimaba… no era Madara.

Pronto optó por integrarse en la sociedad, no renunció a ser maltratado en ningún momento, sino que buscó a humanos sin compasión, y no volvió a cometer los mismos errores que desencadenaron esas palabras. No dormía con ellos, y tan solo pasaba el tiempo necesario con ellos. Se buscó su propia casa y víctimas que no conocía, dejando así de buscarle…

Pero el destino era algo que no controlaba, y el azar quiso que un día entrase con una chica a una discoteca. No puso demasiada atención en la gente que bailaba, solo quería beber de ella e irse. Recibió la copa que esta le dio y dirigió una mirada en general. De nuevo su corazón se revolvió en su cavidad. Estaba allí, pero, ¿era una ilusión o era de verdad? Sin pensárselo dos veces se acercó en completo silencio al demonio, deslizando una mano por su vientre. No estaba seguro, pero olía… como su Madara.

domingo, 27 de marzo de 2011

Sin Sentidos.

Alá, finalmente está terminado xDDDD -le ha costado sudor lágrimas y sangre- Y puede que edite y haga algo más explicito dependiendo de como vea ciertas cosas (?).

Música: Hyadain - Sabin Raps.

Sin Sentidos


Cerró los ojos cuando salió de aquella habitación dejando tras de si, en el interior, algo que había empezado a considerar como lo más valioso de su existencia. Se contuvo de volver la vista atrás, preguntándose si el moreno le seguiría. Seguramente no pero estaba convencido de que terminaría yéndose de aquel lugar cuando se hartase de esperarle. Siempre había visto en su mirada el deseo de ver lo que había más allá de aquellas cuatro paredes. No tenía sentido mantenerle preso, no le estaba ayudando, sólo había conseguido que Itachi fuera completamente dependiente.

Y joder, eso no estaba bien. Quería lo mejor para el moreno y dios sabía que él no era precisamente lo mejor para nadie. Un suspiro pesado escapó de sus labios y lo primero que hizo tras abandonar aquel edificio fue perderse entre la gente de la calle, andando rápido, notando la sensación de querer echarse a correr azotar sus piernas, sin embargo, se contuvo y simplemente se dirigió al lugar en el que había cazado ya unas cuantas presas. ¿La razón? Necesitaba sentarse, pensar y coger algo de ropa. ¿Como podía hacerlo en una casa que no era suya?

Bueno, su dueño estaría muerto y la puerta seguramente seguiría abierta o quizá sólo tendría que forzarla y si había alguien dentro con acabar con la patética existencia del humano bastaba. Aunque cuando llegó lo único que tuvo que hacer fue forzarla, entrar en la habitación e ir a la cama para sentarse en ella. Su expresión denotaba una tranquilidad que no sentía interiormente. Al menos, ahora que estaba solo podría pensar las cosas con más calma y obviamente a la primera persona a la que volaron sus pensamientos fue al vampiro que acababa de dejar "libre".

—Estará mejor sin mi —susurró para si cerrando los ojos al recordar el brillo de los ojos de Itachi al salir de la habitación. Había parecido tan... feliz, tan curioso por todo lo que veía. Se frotó las sienes cansados, había hecho lo mejor para los dos, es decir, estaba pensando en lo importante que era ese estúpido mocoso para él. ¡Se había ablandado por su culpa...! ¿A quien trataba de engañar? Ablandado... no era ni la quinta parte de lo que pasaba. Lo que sentía le torturaba. Le había obligado a permanecer encerrado, ¿qué clase de respuesta le esperaba si le decía que empezaba a sentir algo más profundo por él?

Además... era imposible que alguien sintiera algo más que lástima por un ser tan despreciable como él lo era. Tampoco es como si tuviera intenciones de cambiar pero... no estaba seguro de ser capaz de verle huir de él. Maldita sea, había sentido como si algo se parase dentro de él cuando perdió al otro de vista. Casi quiso reír resignado. Si aquello le había sentado mal no estaba seguro de como haría para no ir a visitarle. Aunque en realidad sólo tenía que convencerse de que el otro se había marchado. Le había dejado la puerta abierta, así que estaba seguro de que no esperaría mucho antes de irse de aquel lugar.

Estaba perdiendo el tiempo en aquel lugar, pensando en cosas que había decidido que no tenían solución así que tras un rato se levantó, yendo directo al armario, abriéndolo y cogiendo toda la ropa que vio la cual seguramente le estaría grande a juzgar por la talla que el hombre al que arrastró en aquella ocasión había tenido. Lo metió todo en una maleta que había allí tirada y la cogió. ¿Qué iba a hacer en esos momentos? Bueno, salir del país era una opción más que viable, es más, cuando salió de aquel lugar cogió un taxi directo hacia el aeropuerto. Tenía dinero, si quisiera comprar un avio podría pero eso es un tema aparte.

¿Su nuevo destino? Cuanto más alejado de aquel país estuviera mejor. No más recuerdos, no más intentos de cuidar a alguien, de enseñar nada a nadie. Al menos ya no le quedaban pedazos de su corazón que entregar. Alguien se los había quedado todos. Pero como iba diciendo, Madara emprendió un viaje, bueno, varios, fue viajando con el pasar del tiempo, sin quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, evitando tener el llamado hogar. Paso mucho tiempo hasta que un día, por una decisión espontánea, decidió ir a visitar Alemania, concretamente la capital de aquel país.

Hacía tanto tiempo que no pisaba el suelo alemán que de no haber sido un demonio seguramente se habría sorprendido del cambio tan drástico que había llegado a tener aquel trozo de tierra. Aunque era bien cierto que si había algo que no solía cambiar mucho de cada país que visitaba era el clima. El frío característico de ese lugar le invadió nada más poner un pie fuera del aeropuerto. Había olvidado que en aquel lugar enero era sinónimo de invierno y no había cogido nada de abrigo. No le dio mayor importancia de todas formas y caminó por las calles berlinesas, mirando a su alrededor de tanto en tanto y antes de que se diera cuenta sus pasos le llevaron a un lugar que se había propuesto olvidar hacia mucho tiempo.

Chasqueó la lengua con desagrado al verse de nuevo en aquel callejón y tras estar parado durante un buen rato sin hacer nada se sentó encima del contenedor que allí había. Era curioso, la ciudad había cambiado, la gente había cambiado y sin embargo... había cosas que no cambiaban. Estaba sorprendido de que aquel lugar siguiera en pie pero como siempre, su rostro no mostró signo alguno de haber reconocido algo. Tras varios minutos en aquel lugar pensó que nada ganaría estando allí sentado como un idiota. Tenía que buscar un hotel para pasar la noche, además, ya estaba anocheciendo y eso sólo significaba una cosa... vampiros a la calle.

Alisó un poco su camisa y buscó algún lugar que pareciera decente o un motel destartalado, tampoco le importaba precisamente. Aquel día no entraba dentro de sus planes ligar con nadie... claro que muchas veces no todo sale como esperamos. Eran ya las doce de la noche pasadas y no podía dormir así que decidió dar un paseo nocturno por las calles de Berlín. Había oído de unos turistas aquella tarde que la catedral de Berlín era hermosa por la noche, sin embargo, cuando posó sus ojos negros por aquel trozo de piedra construida no sintió nada, quizá porque el sentimiento del cual estaba impregnada aquella arquitectura era esa cosa llamada "fe" que siempre le había provocado escepticismo.

—Vaya, vaya, de todos los lugares en los que pensé que algún día podríamos volver a vernos... si te soy sincero este es el último en el que había pensado —la voz sonó demasiado cerca de su oreja para su gusto. A pesar de que reconocía la voz (se había quedado clavada en su memoria). Un pequeño gruñido escapó de sus labios y giró su rostro hacía la persona que permanecía agachado con el rostro pegado a su oreja aún.

—¿Volver a vernos? ¿Debo sentirme orgulloso de que quisieras volver a verme? —preguntó, con la burla impregnando sus palabras y los ojos negros clavados en los azules del vampiro rubio que simplemente sonrío con mofa.

—¿Debo suponer que mi regalo no te gusto? —preguntó, olisqueando el cuello de Madara—. Es difícil olvidar el sabor de tu sangre —murmuró roncamente, apresando el delgado cuerpo entre sus musculosos brazos, atrayéndole hacía él, casi como si quisiera hundirle en la oscuridad de su cuerpo—. He buscado como loco volver a probarlo pero los otros demonios con los que me he topado eran bastante escépticos a la hora de dejar que les mordiese.

—¿Qué novedad? —preguntó, inexpresivo, cerrando los ojos molesto al sentir los colmillos del vampiro incrustarse en su cuello, bebiendo ávidamente. Joder, había olvidado que los vampiros puros, los que no son convertidos por otros si no que nace por la mutación humana una vez probaban la sangre demoníaca se hacían adicta a ésta y luego la perseguían como un drogadicto busca su heroína. ¡Si hasta se estaba alimentando en plena calle! No sin algo de esfuerzo, consiguió separar al vampiro de su cuerpo, tapándose el cuello mientras este se relamía—. Tsk... vayamos a otro sitio —expresó no sin cierto hastío. Agarrando de la muñeca al alemán para tirar de él sin ningún cuidado, llevándole al motel donde se alojaba.

Al menos allí podría ocultar la sangre y ya que iba a tener a ese gilipollas detrás mientras permaneciera en Alemania podría darse algo de "alegría" al cuerpo. Ni siquiera puso un pie dentro de la habitación y ya se vio azotado contra la cama, acorralado mientras el vampiro rubio, volvía a buscar con desesperación su cuello, bebiendo como un sediento en el desierto.

—Parece que llevas mucho tiempo en abstinencia, vampiro —se burló el demonio, ganándose un gruñido de parte del de ojos más claros así como un pellizco en su cadera. Madara gruñó con desagrado, detestaba ser considerado comida, detestaba SER la comida de alguien así que más le valía a ese idiota ser un buen polvo o lo mandaría a la mierda directamente. Por suerte (para el vampiro) éste pareció escuchar sus pensamientos pues antes de que pudiera intentar separar al alemán de su cuerpo, éste ya le había girado para prácticamente devorar sus labios, llegando a notar pegada a su muslo la erección que tenía su amante de turno.

—No puedes huir de mi, demonio. Iré a buscarte —murmuró en su oído, quitándole rápidamente la ropa para arañar la piel ajena hasta dañarla, hasta conseguir que el olor salado de la sangre quedase impregnado en la habitación. Aquella noche le poseyó sin ningún tipo de preparación, casi como si quisiera marcar la piel de Madara con desesperación. Intentos fútiles pues la piel de Madara jamás le pertenecería. Su piel había sido marcada hacía ya demasiado tiempo y la marca aún permanecía demasiado fresca como para que alguien que no le importaba en absoluto pudiera hacerla cicatrizar.

A la mañana siguiente, aprovechando que los vampiros dormían salió de la habitación sin hacer ningún ruido, ya vestido y con la maleta en las manos. Ver de nuevo a aquel hombre había abierto viejas heridas que creía ya habían sido cerradas y para su desgracia, su mente no paraba de repetirle que volviese a aquel lugar, a aquella habitación, que comprobase que ese vampiro idiota no era tan idiota como siempre había creído. Así que en cuanto pudo, cogió el primer avión que salía al lugar que tanto había estado evitando.

***

El olor a carne podrida azotó su nariz con fuerza instándole en un primer momento a quedarse en la puerta y no entrar a ese nido de muerte pero tras unos segundos de duda, algo dentro de él le obligo a internarse en la habitación y buscar el interruptor con la mano para presionarlo, haciendo que una débil luz iluminara el lugar. Huesos humanos adornaban el lugar, las sabanas estaban cubiertas de la sangre de los infelices que habían pisado aquella habitación y Madara no pudo hacer nada más que sentir como algo dentro de él se calmaba. Itachi no estaba allí.

Avanzó con cuidado de no manchar sus zapatos con la sangre reseca o con la carne putrefacta que aun quedaba por allí y en cuanto estuvo palmo a palmo con la cama se sentó en ella. Recordando algo en lo que había estado tratando de evitar pensar. Habían pasado años y seguía viendo todo aquello como un sinsentido. Era estúpido que su mente volviera una y otra vez a la persona que había liberado de su yugo.

—Soy patético —expresó, riendo resignadamente. Dejándose caer en la cama para cerrar los ojos. Tenía claro que dormir en un lugar así no era precisamente lo más adecuado para su salud pero empezaba a notar como la pereza le invadía por lo que estuvo varias horas en aquella postura antes de decidir a largarse de allí. Sólo esperaba que Itachi fuera capaz de cuidarse sólo y que hubiese aprendido a vivir como un vampiro normal. Sin llamar la atención y esas cosas. Suspiró pesadamente antes de coger un taxi para dirigirse a coger un nuevo avión que le llevaría a un nuevo destino. ¿Durante cuanto tiempo más iba a echarle de menos?

***

España, conocida en una época como la tierra donde nunca se pone el sol. Ahora era una simple península, un país pequeño que no podía competir contra las grandes potencias. Un país que pasaba desapercibido ante los ojos de las grandes naciones, que parecía sólo servir para pasar las vacaciones por su clima agradable. Llevaba ya una semana allí, disfrutando del paisaje medio rural de algunas zonas e ignorando el bullicio de las grandes ciudades. Sin embargo, aquella noche se encontraba paseando por las calles de Madrid, el bullicio azotaba el lugar por lo que, tratando de pasar desapercibido decidió atravesar uno de los callejones oscuros de la capital española.

—Oye, guapo, ¿te apetece pasar una noche divertida conmigo? —la pregunta le tomó algo desprevenido así como el hecho de que aquella mujer le asaltara en pleno callejón, enredando sus brazos de serpiente en su cuello, pegando su voluptuoso pecho a su espalda. Ni siquiera pudo decir que no le interesaba, antes de que abriese la boca ya tenía los colmillos de la vampira incrustados en su cuello sin ningún cuidado, bebiendo de él. Gruñó con fuerza, estando ya hasta las narices de que todo los vampiros de la ciudad pensasen que era su cena o algo por el estilo sólo por ser extranjero así que aquella vez no se contuvo y atravesó a la chica el pecho con una mano.

—Tsk... por tu culpa tendré que buscar algún lugar donde limpiarme —masculló a la vampiresa que yacía muerta en el suelo, cogió el cadáver sin ningún cuidado y lo echó dentro del cubo de la basura y tapando su mano ensangrentada como pudo se deslizo dentro de una de las discotecas de aquella zona. Una vez dentro del lugar se dio cuenta de que la música era extraña en comparación a otras discotecas en las que había estado, sin embargo, no le prestó la mayor importancia. Fue directo al baño y allí lavó su mano hasta que dejo de tener aquel color carmesí en su piel.

Al salir del baño, fue directo hasta la barra, ya que estaba allí aprovecharía para beber un rato. Quizá de paso se emborracharía. Ni siquiera se había percatado de la sangre que aun permanecía pegada a su cuello así como de que las marcas de los incisivos de aquella mujer aún permanecían en su piel. Si lo hubiera hecho... quizá sólo habría llegado a pensar "puta vampiresa" y lo habría dejado pasar igual.

—Un whisky, doble —le gruñó al camarero. Apoyándose algo más en la barra de la discoteca, pensando seriamente en las ventajas y desventajas de emborracharse y en si tenia ganas de acabar en la cama de alguna mujer o de algún hombre. ¿Qué coño? Estaba aburrido. Cuando lo tuvo enfrente se bebió el vaso de whisky de un trago y pidió otro. Decidido, se ligaría al primero que le entrase, fuera hombre o mujer... pero se lo ligaría después de estar borracho. Jodidamente borracho. Tan borracho que no consiguiera distinguir entre un vampiro convertido y uno nacido.

Oscuridad

La eterna oscuridad que inundaba la habitación era lo único que había visto desde que tenía conciencia. Nada había cambiado desde el principio de los tiempos, pero eso no le importaba pues tenía lo único que necesitaba. Esa persona que venía a la misma hora era lo único que necesitaba. Su largo cabello del mismo color que la noche cuando la luna brillaba en silencio. Sabía que eran distintos, que ese ser no era cómo él, pero desde que había abierto sus ojos era lo único que había permanecido a su lado.

Como todas las noches arrastraba algo consigo. Era igual que ellos en forma física, pero su olor era completamente distinto. Se acercó siseando lentamente, ya que más de una vez se había llevado algún que otro golpe por abalanzarse contra el mayor. Cuando este soltó al humano, como le llamaba, en el suelo se acercó olisqueándole. Hasta que Madara, sí, fue la primera palabra que aprendió a decir, y era el nombre de aquel ente tan importante para él, no le hizo un corte y la sangre comenzó a manar de este no le clavó los dientes y comenzó a beber.

Cuando el fuego de su garganta que se extendía por sus venas se calmó, separó sus labios de la piel ajena y dirigió su mirada a Madara, que le miraba expectante, como todas las veces que sucedían el ritual. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que despertó, solo que había traído a más de un centenar de esos seres.

A continuación pasó lo de siempre. El moreno tomó asiento en lo que él denominaba cama y se dedicó a mirarle en silencio. Más de una vez le había acercado y le había comenzado a acariciar el cabello. Se lo había recogido y susurraba su nombre, sí, Itachi le llamaba. No sabía por qué, pero le trataba como si fuese un bebe, pero realmente lo era, pues no sabía absolutamente nada. No había salido de esas cuatro paredes que no tenían absolutamente nada. No había ventanas que permitiesen ver lo que había, y el mayor no le permitía seguirle cuando abría la puerta y se marchaba. Normalmente cuando se quedaba solo podía escuchar voces fuera, pero no entendía las palabras que pronunciaban, así que se dedicaba a dormir.

¿Cuándo podré ir contigo? — susurró el menor mientras en sus orbes rojizos se observaba la emoción que contenía la pregunta. Quería seguirle, y saber qué había fuera. Saber más sobre su Maestro, aunque Madara se enfadase cuando le llamase así.

Aún no estás preparado— contestó el otro escuetamente.

El vampiro bajó la mirada por unos pocos seguros. Nunca conseguía mucho del otro. Es como si no estuviese dispuesto a dejarle salir nunca, como si le protegiese demasiado. Comenzó a fijarse en su cuello, esbelto y sugerente…. Se acercó lentamente y el otro dejó que lo hiciera. Sus labios se acercaron con rapidez, como si fuesen los polos opuestos de unos imanes. Pronto subió la temperatura ambiente. Ninguno sabía cuando habían comenzado a atraerse, pero ya era algo imparable. Itachi solo podía recordar que necesitaba besarle y ser poseído por el otro cada cierto tiempo, claro que no entendía el por qué.

Pronto fue recostado en la cama con cierta brusquedad mientras la lengua del otro comenzaba a explorar su cuello con rapidez. Simplemente se dedicó a acariciar su larga y suave cabellera. La admiración que profesaba por Madara, pasaba la que un alumno puede tener por su maestro. Las horas que pasaba solo se dedicaba a recordar cada gesto y movimiento del moreno, pero eso no podía decirlo.

Las pocas prendas que ambos llevaban pronto acabaron en el suelo, abandonado la piel que protegían a las caricias de ellos mismos. Sus lenguas jugaban con pasión, y a la vez lentamente, no tenían ningún tipo de prisa, tenían toda la eternidad.

La primera vez que lo hicieron ya era lejana, el mismo Itachi ya había ido cogiendo experiencia hasta el punto de que demostraba agrado al dolor. Siempre con esos ojos negros reclamaba que la introdujese sin ningún tipo de cuidado, y el otro no podía remediar darle lo que pedía. En esta ocasión pasó lo mismo, y el mayor no podía negar que le encantaba entrar de esa forma brutal y ser recibido con un abrazo. Las uñas del vampiro se clavaban cada noche en su piel, haciéndole daño, pero demostrando que todo aquello no era una ilusión. De la garganta del menor no salió ningún quejido, así que Madara le mordió levemente la nuez de Adán, siempre le castigaba con un tortuoso silencio. Pero solo recibió como respuesta una mirada. Esa que le encantaba. Sus ojos decían todo lo que su cuerpo no expresaba, sentía un placer desbordante, y algo más que el mayor no quiso identificar con claridad. ¿Le aterrorizaba lo que significaba?... Claro que sí, por eso siempre lo obviaba, aunque era muy evidente.

Comenzó a embestirle rápidamente mientras el único sonido de la habitación eran los jadeos del menor. Este estrechaba su entrada para provocar a Madara, y que gimiese este, pero no estaba muy dispuesto a hacerlo. El ritmo aumentaba cada vez más, hasta que ambos llegaron al éxtasis y se quedaron jadeando en silencio. El demonio se apoyó en Itachi un rato mientras este le lamía el cuello distraídamente. Ambos sabían que pronto el otro se iría, aunque claro, el vampiro no tenía ni idea de por qué siempre se iba, no le estaba permitido preguntar. Así que cuando el otro se levantó y comenzó a vestirse, solo pudo observar su robusta espalda en completo silencio. Se volvía a quedar solo en esa agobiante y pequeña habitación… Notó como el otro le desordenó el pelo y caminó hasta la puerta. La abrió y salió sin mediar palabra alguna. Escuchó el mismo ruido, ya sabía que lo que hacía era cerrar la puerta, más de una vez había tratado de seguirle, pero no podía abrirla. El joven vampiro cerró los ojos dispuesto a dormir hasta que el mayor volviese de nuevo, no podía soportar el vacio que le provocaba la marcha del otro.

Todas las veces que venía pasaba lo mismo, Itachi dejó de contarlas hacía mucho, pero notaba que cada vez le dolía más quedarse solo. Oír que abría hacía que un extraño sentimiento golpease su pecho, que poco a poco se confundía con la sed. Un día como otro cualquiera, el mayor entró sin una presa en sus manos, sino una bolsa. Se acercó y se la entregó. El menor, que estaba sentado en el suelo alzó la ceja y observó lo que contenía, que era ropa.

Póntela, vamos a salir — dijo únicamente Madara, que se sorprendió al ver la ilusión reflejada en el rostro del menor, incluso le pareció ver una sonrisa en sus labios.

Sin esperar más, Itachi se desnudó y se vistió, sin percatarse de la mirada lasciva que tenía el demonio en sus ojos cuando observó su piel desnuda. Tan pronto como se puso las prendas, el otro se acercó y le peinó el cabello con cuidado, sorprendido de lo bien que le quedaba el negro. Sin poder evitarlo le besó los labios con cuidado, y fue respondido. Le agarró del brazo y le llevó hasta la puerta. La inseguridad le invadió durante un breve periodo de tiempo. Nunca le había sacado de aquellas cuatro paredes, debía tener cuidado, porque tampoco le podía dejar ahí para siempre. Le apretó un poco el brazo al pensar que se podía manchar de su lado…

Finalmente abrió la puerta y dejó que el menor saliese… La inocencia se apoderó de su rostro, a la vez que la curiosidad… Madara no pudo evitar que un leve sonrojo, pero fugaz cruzara su cara. Tragó saliva y le agarró de la mano para sacarlo de ahí, tendría que beber cuanto antes, para calmar su sed y así ayudarle a redescubrir el mundo. Tuvo que tirar muchas veces de él, porque se quedaba mirando fijamente a las ventanas.

Lo sacó de aquel viejo edificio y le pegó más a él, pues caminaban personas por la calle y el menor comenzaba a emitir leves gruñidos y siseos. La excitación y la emoción dejaban de dominar el cuerpo de Itachi, y daban paso al ardor de su garganta. Los colmillos comenzaron a asomar por sus labios, necesitaba beber ya. El demonio localizó una presa fácil y se la señaló al vampiro, que fijó su vista en él. Debía saber si sabía cazar por sí solo, y si luego podría controlarse. Observó con fría crueldad como su pequeño mataba al humano y bebía su sangre con rapidez, sin mancharse. Ante ese pequeño detalle alzó la ceja, la verdad es que Itachi no quería manchar algo que le había dado su adorado maestro.

Cuando estuvo saciado se acercó a Madara y este le limpió los labios con cuidado. Le cogió de nuevo de la mano y le llevó por las calles vacías hacía su casa. Itachi se frenaba cada vez que podía, mirando lo que fuese, desde la luna hasta un gato que les miraba desde la oscuridad. Pronto sus manos se separaron. El mayor se giró en busca del vampiro, pero solo alcanzó a ver que se metía en una calle. Sintió que su corazón se le escapaba y corrió tratando de alcanzarle.

Pronto se oyeron unos gritos que hicieron que el corazón de Madara se parase unos segundos. Dejó de correr y caminó en silencio hasta la plaza donde se encontraba el menor. Los ojos rojos de Itachi demostraban que no estaba preparado para el exterior. Cadáveres yacían en el suelo, inertes, desangrándose. No había ya nadie vivo, pero Itachi seguía moviéndolos para ver si lo estaban. Se acercó lentamente hasta él.

¿Quieres? — susurró ofreciéndole el cuello de una de las víctimas. En ese momento comprendió que no era bueno para cuidar de su pequeño. Este pensaba que eran iguales, pero no era verdad. El mayor negó y agarró la mano de Itachi, sin saber realmente qué hacer ­— ¿Qué pasa?

No obtuvo respuesta ninguna. Le siguió en completo silencio mientras veía que regresaban de nuevo a esa oscura habitación. Tardaron mucho menos en llegar, pero la situación era tensa. Abrió la pesada puerta y metió al vampiro bruscamente en su interior. Este le miró sorprendido y se acercó hasta él.

¿Qué pasa? — susurró.

No soy como tú, ¿por qué no lo entiendes de una jodida vez?

¿Qué es lo que quieres decir, Madara?

Veo que esto no va a llegar a ninguna parte — dijo molesto y se fue sin cerrar la puerta.

Itachi miró sorprendido como se fue. No sabía cómo reaccionar ante esa puerta abierta. Así que se limitó a cerrarla y sentarse en la cama. Esperándole. Pasaron varias horas…. Muchas más… días… meses….

La sed, ese maldito sentimiento les estaba volviendo loco. No se podía mover de su lecho, estaba tan débil que no entendía porque el otro no había venido. Notaba un agudo dolor en el pecho, como si le faltase algo importante. Miró la puerta con algo de esperanza, como siempre, pero siempre pasaba lo mismo, nada….ningún ruido, ni pasos en el pasillo. Silencio, el más absoluto silencio. Las últimas palabras de su maestro resonaban en su cabeza sin descanso… ¿A qué se refería con ellas?... ¿Le había abandonado? No podía ser… y en tal caso, ¿por qué?

Las preguntas le torturaban sin dejarle dormir, sentía una agobiante presencia a su alrededor, olía a muerte, ¿se estaba muriendo? Muchas dudas surgieron a partir de esa pregunta, ¿y si le había pasado algo? Debía ir a buscarle…a su Madara. Trató de levantarse, pero cayó pesadamente contra el suelo, quedándose sin aliento. Entonces oyó algunos ruidos. Miró de nuevo hacia la maldita puerta, y notó como alguien la abría lentamente… El corazón se le encogió levemente, pero la desilusión acudió rápidamente hacia su rostro. No era él.

Era una mujer, que se acercó preocupada hasta él. Demasiado ingenua. Pronto su vida acabó, bajo los colmillos de Itachi. Tras beber y observar como sus latidos paraba, una ira comenzó a surgir desde lo más profundo de su ser. Un líquido cristalino, salió de sus ojos. Lo tocó, estaba llorando. Por fin había comprendido que no iba a venir, pero no quería creerlo, sabía que era su maldita culpa. Comenzó a desgarrar furioso la piel de su nueva presa y cuando colmó la frustración en ella se separó. Cerró la puerta y se echó de nuevo la cama.

Permaneció mucho tiempo en la habitación. Al principio olió mal, el cuerpo de la joven yacía descompuesto, pero poco a poco solo quedó los huesos de ella. Se había alimentado de unos pequeños animales que entraban de vez en cuando. Siempre mirando la puerta, culpándose de la marcha de lo único que le completaba. Desamparado en el vacío de un mundo que no comprendía, ni conocía.

Uno de los días alguien abrió la puerta de nuevo, notó como su corazón volvió a latir. Era un hombre, alzó la vista, y comprobó con desagrado que no era él. El vacio volvió a dañarle profundamente. Sí, prácticamente estaba muerto por dentro.

Chico, ¿estás bien? — el hombre solo obtuvo una risotada macabra como respuesta. Sus ojos se fijaron en los huesos que habían en el suelo. Un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras trataba de volver a la puerta, pero ya era demasiado tarde.

Y tus últimas palabras se pierden en el silencio de este mundo imperfecto — susurró el propietario de tal risa, mientras se acercaba al hombre — cayendo en el averno del dolor y muriendo…

Esas fueron las última frases que oyó aquel hombre antes de morir bajo un despiadado asesino. Se atrevió a cruzar la puerta por fin, tras una larga espera de medio siglo…. Cincuenta años de letargo que le habían pasado factura. Ya no era el mismo, se había convertido en algo que a si mismo le daba pavor. Salió de aquel ruinoso edificio, jurando venganza hacía su maestro y se internó en la oscuridad de la noche. No tardó mucho en encontrar a una persona paseando, que no tenía una pinta muy agradable.

Eres extraño y hermoso — comentó aquel humano sin saber que estaba entrando en las fauces del lobo — ¿Cómo te llamas? — Itachi le miró sin expresión ninguna en su rostro y con los ojos apagados.

Mi nombre es Ryu… ¿Quieres sexo?...

Eso sorprendió al otro que sonrió y le llevo hacia algún lugar…

Sangre bajo los tejados.

Alá, porque te dije que lo terminaria y lo he terminado xDDD Aunque con sueño, pa' que lo disfrutes (?)

Lo de siempre: MadaIta, Universo Alterno y demás.

Música: Breaking Benjamin - Evil Angel

Sangre bajo los tejados.

Seres inmortales y seres mortales, seres de leyenda y aquellos que vemos todos los días de nuestra vida, pasando a nuestro lado. Los humanos creen que están solos en este mundo, que los seres inmortales, aquellos que aterrorizan sus más profundas pesadillas y acrecientan sus miedos no son más que personajes de leyenda. Cuentos que antaño se contaban para asustar a los niños. ¿Habían sido siempre cuentos? ¿O tal vez los humanos se habían empeñado en otorgarle el nombre de leyenda a algo que no lo era por temor?

Realmente daba igual lo que ellos, los humanos, pensasen. Aquello no iba a cambiar la realidad. Los inmortales, aquellos que sólo existían en sus leyendas para “aterrorizarles” convivían día si y noche también con ellos. Aunque realmente solían convivir más por la noche que por el día o al menos eso ocurría con ciertos seres de desconocida procedencia y alma oscura. Los tan afamados “demonios”. Aquellos que buscaban su propio placer en el dolor ajeno o incluso en el propio. Tratar de esconderles la oscuridad del corazón humano a aquellos seres era una tarea imposible.

Una sonrisa que no inspiraba la más minima confianza se cruzó por los labios de uno de aquellos demonios. Su sonrisa, la cual mostraba una hilera de blancos y perfectos dientes (incluyendo dos incisivos ligeramente más afilados que los de un humano pero sin llegar al extremo de los vampiros), no podía ser más amplia ante el espectáculo que se mostraba ante sus ojos. Madara nunca había sido alguien considerado con los sentimientos ajenos. Para él, el dolor y el placer eran lo totalmente real, lo único real.

Seguramente algunos se preguntaran la razón de aquella pérfida sonrisa en los labios de semejante monstruo. No es que resultase tampoco muy difícil de adivinar que ésta tenía estrecha relación con el sufrimiento… ajeno. Y es que no podía ser más gratificante para alguien perteneciente a la más recóndita de las oscuridades el ver lo que se habían provocado así mismos los humanos. Sin duda alguna el estallido de la segunda guerra mundial había sido como agua de Mayo para su sed de destrucción y muerte. Claro que eso no lo reconocería jamás en voz alta ante aquellos, que en su opinión, eran los seres más patéticos del universo.

Bien, este curioso ser denominado demonio por las innumerables historias que los humanos normales y corrientes habían relatado a lo largo de la historia se encontraba en aquellos momentos paseando tranquilamente por las calles de Berlín. Hacia horas que el negro manto de la noche se había extendido por la capital de una nación que había erguido como líder a un tipo bajito, con bigote, moreno y que proclamaba que todos los alemanes debían ser prototipos de fortaleza, rubios hasta el vello de la polla y con unos ojazos azules. Realmente irónico.

Pero centrémonos en los que nos interesaba en esos momentos. El demonio nombrado por si mismo como Madara, aquel cuya sonrisa parecía eternamente pintada en sus labios permanecía subido a uno de los tejados de aquellas altas casas. Mirando como unos guardias alemanes parecían apresar a aquellos que según las palabras del Dios cristiano de aquellas criaturas deberían ser tratados como su iguales. Suspiró satisfecho ante aquella muestra de violencia. Aunque la diversión no duró demasiado para su desgracia y prontamente volvió a encontrarse sumamente aburrido.

Ah. Si no sentía el intoxicante olor de la realidad estallando en la cara de algunos de aquellos seres inferiores no tenía nada que hacer. Bueno… en realidad sí había algo que podía hacer. Se relamió los labios como una anticipación a lo que posiblemente iba a ocurrir. Su andar fue firme además de rápido al ir recorriendo esas calles humanas en busca de algo de diversión. Hacia escasos minutos que había decidido bajar del tejado en el que se encontraba para recorrerlas y así, quizá, encontrar una presa con la que divertirse aquella noche. Si hubiera sabido que ese sería el detonante que volvería su vida patas arriba... ¿para que mentir? Seguramente lo habría hecho igual.

Pero pasemos a lo importante, Madara estaba acostumbrado a tener que engatusar a sus victimas, a ser él el que se acercaba a ellas (en su opinión era cosa de que su belleza imponía y se sentían inferiores a él cuando le veían), sin embargo, aquella noche no hizo falta que hiciera nada de eso pues, cuando transitaba por uno de los callejones más oscuros de aquel lugar se vio “asaltado” por un “comandante” o lo que fuese de aquel ejercito alemán. Si dijera que no se extrañó de que aquel hombre le acorralase contra la pared mentiría pero tras un intercambio de miradas curiosas y que escondían más de lo que ambos pretendían rebelar.

—¿Qué tenemos por aquí? Como no... los de tu calaña siempre aparecéis en lugares repletos de maldad —susurró aquel comandante, mirando fijamente al demonio el cual simplemente, sonrió.

—Oh... bueno, vosotros siempre aparecéis en lugares donde la presencia humana es... abundante —replicó, contemplando al alemán... no, al vampiro que tenía enfrente con curiosidad, amarrándole de la solapa de su chaqueta para acercarle—. Bien, seré claro, tú quieres sangre y yo tengo ganas de divertirme. ¿Aceptas el trato?

El vampiro se relamió los labios mientras una sonrisa de lujuria surcaba su rostro. Sangre y sexo, dos cosas que Madara sabía que le encantaban a esas criaturas. La lujuria se desbordó entre besos, mordiscos y sonidos obscenos que llenaron el ambiente aquella noche. Claro que no duro por mucho tiempo todo eso.

El sonido de alguien pisando un palo y partiéndolo les distrajo de sus actividades y antes de que Madara pudiera reaccionar o ver si quiera quien era la persona que les había visto el vampiro se movió rápidamente, atrapando al humano incauto, mordiendo con fuerza su cuello, saciando algo de su sed. Madara gimió de frustración. Mierda, mierda, ¡MIERDA! ¿Qué se suponía que estaba haciendo aquel vampiro? ¡No tenía ganas de deshacerse en esos momentos de un cadáver!

El ruido sordo del cuerpo del muchacho al caer le sacó por completo de sus pensamientos. Suspiró pesadamente, mirando a su alrededor, no había más que escombros y basura por aquel lugar quizá podría esconder el cuerpo y hacerlo pasar por el de algún judío. Claro que sus planes se fueron a la mierda cuando el vampiro se abrió de repente la muñeca y dio de beber su sangre al muchacho. Madara no supo identificar la sensación que le invadió en aquel momento. ¿Y ahora que?

—Es un regalo. Por la sangre. Puedes hacer lo que quieras con él —expresó el vampiro mientras se arreglaba las ropas y se acomodaba el sombrero había caído al suelo al acorralarle. Madara bufó al ver como se marchaba. Él no era un vampiro para nada. ¡Encima tendría que enseñarle a ser vampiro! Estaba molesto, jodidamente molesto, se acercó a su "regalo" y lo miró desde arriba, viéndole boquear, seguramente agonizando por la transformación que estaba sufriendo su cuerpo. Le miro fijamente por unos segundos y en un acto totalmente impulsivo le cogió en brazos, haciendo varios movimientos para que quedase sobre su espalda.

A pesar de todo, soltó un pequeño quejido cuando el más joven le mordió en el cuello. Por lo visto los colmillos eran lo primero en cambiar. Resopló, dejándole beber en ese momento.

—Supongo que como no sé tu nombre tendré que ponerte alguno —murmuró bajito al chico—. Uhm... Tendré que pensarlo detenidamente aunque... me gusta el nombre de Itachi —terminó de decir, desvaneciéndose entre las sombras con el chico en su espalda. Sabia que el muchacho iba a serle un tremendo dolor de cabeza pero extrañamente... esa idea se le hacia tremendamente interesante.

¿FIN?

P.D: Adoro el copy and paste xDD