lunes, 31 de octubre de 2011

Silencio.

No encuentro una puta canción buena así que voy a poner la primera que encuentre y que me guste e3é.


Silencio

Había cerrado los ojos, con fuerza. ¿Temer la oscuridad eterna? Era estúpido. Era un demonio, no iba a morir por caer desde una gran altura y romperse la crisma. Pero lo había tenido, miedo. Había olfateado el desagradable olor de ese sentimiento, impregnado en su piel. ¿Tan humano se había vuelto? Apenas notó que Itachi le había agarrado del brazo, sólo volvió en sí cuando aquel mocoso decidió envolverle, sin apenas tocarle, con sus brazos. No pudo evitar preguntarse por qué el vampiro había decidido salvar su lamentable pellejo en vez de dejarle caer al vacío. ¿No le odiaba? Se lo hubiera preguntado de no ser porque de repente la boca de Itachi se había deslizado por su cuello. Pensó que iba a morderle pero curiosamente, no lo hizo.

Cerró los ojos al sentir aquel brusco agarre sobre su brazo y como Itachi tiraba de él para que le siguiese. No se quejó, no dijo nada. Sólo se dejó guiar por el menor, mirando el suelo en silencio y perdido en sus pensamientos. No lo entendía, por más que intentaba que su jodida mente entendiese que era lo que pasaba por la mente de su vampiro (del vampiro -se corrigió mentalmente Madara-) no entendía que coño era lo que estaba pasando. Itachi cada vez aumentaba más la velocidad. Cosa normal, pensó Madara. Pues el amanecer se acercaba y estaba claro que el vampiro no querría ver ni rastro del sol.

Pero... ¿por qué le llevaba con él? ¿No le había dejado claro ya que le odiaba? Suspiró pesadamente y cerró los ojos, cuando volvió a abrirlos se encontró delante de un bloque de edificios, concretamente dentro de uno, que a juzgar por las intenciones del chico de llevarle dentro, era donde vivía. Decir que los años habían vuelto menos brusco al menor sería mentir. Había estado a punto de tropezar cuando Itachi le obligó a internarse dentro de aquel apartamento.

"Haz lo que quieras" —desvió la mirada ante aquellas palabras, el sonido del candado aún resonaba en su mente. ¿Qué hiciera lo que quisiese? Le había encerrado. Apenas había cruzado un par de palabras con él y ya vio como la figura del más alto se perdía dentro de una nueva habitación. Apoyó las manos en el sofá y suspiró pesadamente. No sabía bien que hacer en esa situación. Ya... ya no estaba seguro de nada. Itachi le odiaba pero... ¿le quería cerca? Miró a su alrededor y forzó la vista, tratando de vislumbrar algo en aquella pesada oscuridad. Tanto tiempo sin obligarse a ver en la oscuridad ahora le pasaba factura.

—El frigorífico —murmuró para sí, buscándolo a tientas, tratando de no tropezar con ninguno de los muebles mientras accedía a la cocina. Suspiró al encontrar la puerta de dicho electrodoméstico y la abrió, yendo a mirar que era lo que se encontraba en su interior. Sangre, algo de queso, mantequilla, algo de verdura, un par de manzanas y una lata de aceitunas. Se sentó en el suelo y volvió a suspirar. ¿Se suponía que iba a tener que hacerse algo de comer con eso? Vale que era comida pero, ¿cuánto iba a durarle aquello? ¿Una semana?

Se levantó del suelo y cerró la puerta del frigorífico. Caminó un par de minutos por el apartamento, tratando de habituarse a él. Una vez hecho esto, avanzó hacía el sofá y se echó con cuidado en él. Sin embargo, hacía frío, el hecho de que no entrase ni un ápice de Sol se notaba. Y más si tenían en cuenta que estaban en invierno. Se mordió el labio inferior. La puerta del cuarto de Itachi estaba abierta. Podía... podía preguntarle si tenía alguna manta para prestarle. Joder, todo aquello era tan... frustrante.

—Oye, It... Ryu —se corrigió mientras hablaba—. ¿Podrías darme una manta o algo? Hace un poco de frío —preguntó, asomado a la puerta del cuarto del menor, esperando su contestación.

viernes, 28 de octubre de 2011

Mío

Le observó en completo silencio, analizando sus expresiones de dolor, viendo sus piernas temblar, notando como poco a poco se alejaba de él e iba al vacio sin ni siquiera percatarse de que él estaba allí. De nuevo volvía a huir. Mientras Madara retrocedía, él se acercaba, y justo cuando caía le agarró, agarró su mano, evitando así que su amado desapareciera de su vista. No conseguía comprenderlo, no lo recordaba tan débil, tan sumiso, tan agotado, tan… acabado. ¿Qué demonios le había pasado?

Sin esperar mucho tiempo, tiró de la mano que agarraba para volver a poner a su Madara a salvo. La máscara yacía en el suelo, rota, por haberla soltado cuando corrió a cogerle. Cuando el demonio tocó suelo, lo abrazó levemente, algo sorprendido por el estado en el cual se encontraba. Después de todo, no lo entendía, pero no iba a abandonarlo ahora, ya que no era como él, cosa que había dejado muy clara el mayor años atrás, no iba a dejarle irse nunca más… nunca.

Lamió su cuello lentamente, desechando en unos pocos segundos la idea de morder su cuello y se separó, cogiendo su mano, obligándolo a seguirle, ya que el sol saldría más pronto de lo que quería y no podía quedarse en ese tejado. Le comenzó a guiar hacía la salida del edificio. Sin mediar palabra, sin mirarle, tan solo le jalaba cuando quedaba atrás. Pronto se internaron en la selva de edificios, caminando cada vez más rápido, hasta que llegaron a un pequeño bloque de apartamentos. Sacó una llave con la otra mano y abrió, sin soltar la mano del demonio en ningún momento.

Aquel lugar estaba demasiado oscuro. Todas las ventanas tenían cortinas de color negro que evitaban que cualquier rayo de luz, fuese del sol o de la luna penetrase en el piso. No se podía apreciar muy bien los muebles que decoraban aquel “hogar”, pero, Itachi tampoco le dejó mucho tiempo para hacerlo. Le obligó a entrar y luego cerró con la llave, y además un candado que parecía muy pesado. No, definitivamente no iba a dejar que volviese a escapar de sus manos.

—Haz lo que quieras— susurró mientras caminaba hacía el dormitorio, ya que el sol saldría. Se acostó en la fría cama, sin cerrar la puerta, solo se escuchaba el silencio en aquella casa, esto era porque estaba insonorizada. Cerró los ojos lentamente mientras se dejaba apresar por un leve sueño.

Las cortinas estaban pegadas a las ventanas, y los muebles eran muy simples, demasiado, incluso eran los mismos que venían cuando adquirió el piso. No había ninguna decoración, ni planta ni foto por ningún lado. En la cocina tan solo había una nevera, que servía como fuente de luz, ya que había algunas bolsas de sangre dentro de esta, algo de agua y muy poca comida. En el salón, solo había un pequeño sillón y una televisión, la cual estaba desconectada. El baño contaba con una bañera, aunque había algunos periódicos en el suelo, apilados donde no molestasen. Tenían algunas noticias subrayadas, y eran antiguos, casualmente de los lugares donde el demonio había estado hace unos años. Todas las demás habitaciones estaban vacías exceptuando el único dormitorio.

Itachi estaba intentando entrar en un sueño más profundo, pero se le hacía muy difícil, ya que escuchaba a Madara. Su respiración, sus latidos….incluso podía olerlo desde donde estaba. Le deseaba de todas las maneras, pero no podía tenerlo, eso lo tenía muy claro… El demonio siempre huía, y si nunca le había querido le daba igual ya que ahora, nunca, le iba a dejar escapar. Ya que Madara, era suyo.

martes, 11 de octubre de 2011

Pride.

Después de quasi morirme del asco porque no me salía una mierda, aquí esta 8D (?) Corto, porque últimamente sólo me salen mierdas cortas pero bueno... xD


Remordimiento.

Apretó con fuerza los bordes de su camisa. Negarse así mismo que estaba nervioso sería estúpido. Aún no terminaba de entender por qué estaba allí, ¿tan masoquista era? Un suspiro escapó de sus labios. Estaba tenso, tan tenso que podría pasar perfectamente por una cuerda de arco. Se sentó en el suelo un par de minutos y miró su reloj de muñeca. Faltaban diez minutos para que Ryu llegase y realmente, no sabría decir si quería que fuese puntual o no, es más, no sabía si quería irse o quedarse.

Sí, estaba lleno de contradicciones pero éstas tenían su explicación. Hacía años que no sabía nada del mocoso y que de repente apareciese aquel tipo que decía tener a Itachi había sido un duro golpe que había sacudido su alma (si es que aún quedaba algo de ella). Cerró los ojos, cansado de tantas emociones. Estaba harto de sentirse así de débil pero era consciente de ello. Por muchos años que pasasen el vampiro siempre a ser su debilidad.

Ah... los recuerdos, dulces y traicioneros. Apareciendo cuando menos quieres recordar, invocando las memorias a tu mente por el simple hecho de intentar no rememorar. Madara apretó con fuerza los parpados en un intento de ahuyentarlos. Para su desgracia, fracasó y con ello las memorias compartidas con el vampiro moreno inundaron su mente.

—Mocoso, ¿estás despierto? —la pregunta flotó unos segundos en el aire, sin embargo, no obtuvo respuesta, cosa que llevo al demonio a pensar que no, el vampiro no estaba despierto. Aunque por otro lado era normal, aún no había anochecido. Se deslizó, sigiloso, hasta la cama donde Itachi descansaba y se sentó en el borde, buscando con la mirada el rostro del chico. Realmente, a veces, le fastidiaba tener que estar siempre a oscuras.

Estiró el brazo hacía él y le acarició el cabello de Itachi—. Vampiro tonto, deberías de huir de aquí... de mí —murmuró, separando la mano del pelo ajeno, marchándose antes de que este despertara, entre las sombras.

En cuanto la puerta que llevaba a aquella azotea, como si tuviera un resorte en el culo, se levantó del suelo. Él, que siempre se había caracterizado por tener unos nervios de acero estaba hecho un manojo de ellos. Miró a "Ryu" y al instante, retrocedió un par de pasos, ¿por qué demonios la sensación de que Itachi le estaba mirando había surgido de forma abrumadora?

Volvió a retroceder al escuchar su voz, al ver como se acercaba a él. La sensación no desaparecía. El olor, ¿por qué olía tanto como él? ¿Se estaba riendo o algo así de su fracaso? ¿Por qué tenía que recordarle que había sido lo suficientemente idiota para quedarse solo? Su voz, su maldita voz y sus palabras le provocaron una horrible sensación en la boca del estomago y, una vez más, retrocedió.

—¿Có-cómo? —la voz pequeña, débil que salió de sus labios le pareció totalmente ajena, como si no fuera la suya. ¿Matado? ¿Muerto? ¿Se había suicidado? ¿Por qué? El vampiro olía como Itachi... ¿se había suicidado por qué se había enterado de que seguía allí? ¿Que significaba todo aquello? No... eso no era lo que debía ocurrir, él debía vivir. Su vida. Ajeno a él. Donde no pudiese dañarle, ¿por qué...?

Duele.

Llevó la mano derecha al lado izquierdo de su pecho, aferrando débilmente la tela de su camisa.

Oprime.

Le temblaron las piernas por un instante en el momento en el que sus pies retrocedieron por enésima vez.

¿Por qué se había puesto a llover?

—Mierda... —susurró, llevando ambas manos hacia su rostro, cubriendo de esa forma las lágrimas que habían decidido amargar su ya de por si penosa existencia. Si antes sus piernas temblaban en ese momento se convirtieron en pura gelatina. Ni siquiera sabía como se estaba manteniendo en pie. Demasiado ocupado estaba en limpiar sus lágrimas (que no cesaban de aparecer, lentas) como para ver como se medio quitaba la máscara dejando su rostro algo visible así como para escuchar su pregunta.

Todo el dolor de la noche anterior pareció azotar su cuerpo, sus huesos, provocando que perdiera el equilibrio. Por unos segundos se sintió como si flotase en el aire pero pronto la sensación de caída y vacío la remplazo. Después de todo, antes de perder el equilibrio había llegado al borde de la azotea, el cual sobresalía apenas del suelo, sin ninguna verja protectora que impidiese la caída de quien resbalase cerca del borde.