Canción:Obsession InnerPartySystem
------------------------------------
Obsesión
Había estado en la cama todo el rato. Escuchando al otro andando a oscuras por su pequeño apartamento. Tenía bastante sueño, pero por alguna razón no conseguía cerrar los ojos. Escuchar su entrecortada respiración, sus pequeños pasos inseguros, sus susurros, sus suspiros… Le hacían volverse loco. Por fin Madara estaba ahí….todas sus ansias, su única obsesión estaba por fin a su alcance. De nuevo, tras tanto tiempo. El causante de su sufrimiento, el causante de su alegría, el que provocaba en él todo tipo de sentimientos estaba por fin al alcance de su mano. Comenzaba a notarse desesperado, ansioso, comenzaba a notar que la sangre que corría por sus venas se calentaba, que la locura comenzaba a apoderarse lentamente de su cuerpo. Que la poca cordura que había conseguido en todos estos años se esfumaba con solo oír que se acercaba a su habitación. Con solo escuchar el latido del corazón ajeno.
Apretó la sábana levemente con una de sus manos. Quería que el demonio notase lo que sentía, quería que supiese que lo había buscado, que lo estaba esperando, que quería volver a estar con él hasta la eternidad. Pero sabía que eso nunca iba a pasar. Que el otro también había cambiado, y ahora eran como completos extraños. Que nunca volverían a ser uno como antes. ¿Pero era tanto pedir que lo notase? ¿Era mucho pedir que supiese todo lo que sentía? Quizás sí. Se tensó al escuchar que se acercaba más a la habitación. Estaba algo sorprendido ante ese hecho, nunca creyó que se volviese a acercar tan pronto. Se sentó en la cama para mirarle a los ojos, pero de nuevo algo se rompió en su interior al escuchar cómo le llamaba. Ryu… En ese preciso instante supo que el otro no era su añorado Madara.
Sintió que no se podía controlar. Tenía ganas de verle gritando de nuevo, verle sufriendo, pidiendo que parase. Quería torturarle con sus propias manos como antes en aquel baño. Pero eso no se mostró en su impasible rostro. Asintió levemente mientras se levanta y se dirigía hasta el mayor, en el último momento cambió de dirección y abrió una puerta de un armario. El aura que emitía era confusa, parecía sereno, pero a su vez, emitía cierto, pero leve instinto asesino. Sacó una manta, que parecía estar sin usar. Se acercó y se la dejó en las manos. Le miró a los ojos fijamente, como si fuese a matarle. Su rostro seguía siendo como un libro cerrado, pero sus ojos y su aura, advertía de lo que estaba a punto de pasar.
—Madara… creo que te voy a matar.
Tras decir esto llevó sus manos al cuello del demonio mientras apretaba con fuerza, pero no lo suficiente como para ahogarle. Quería ver el miedo en sus ojos. Necesitaba alimentarse de esa sensación de superioridad, necesitaba saber que tan frágil era, para poder obligarle a quererle de nuevo, o a quererle, ya que pensaba aún que el otro nunca lo hizo. Y si no lo conseguía, simplemente lo utilizaría siempre. El otro debía vivir la desesperación y el miedo que vivió al verse solo en aquel lugar asqueroso. Sentir que había sido abandonado por todo lo que creía. Debía sentir que iba a ser asesinado, porque así es como se sentió él al ver que el otro nunca volvió.
Cuando sintió que era suficiente le soltó el cuello y le cogió el cabello, tirándole de este y haciendo que entrase en la habitación. Le empujó contra una pared soltándose. Cuando vio que se había dado contra esta se acercó con velocidad empotrándole con fuerza contra esta. Sonrió de placer al verle acorralado. Era totalmente suyo. Solo suyo, por siempre. Mordió su cuello con saña sin clavar los colmillos en su piel. Con una de sus manos cogió las de Madara inmovilizándole. Olió su cabello por unos segundos.
—Te mataré como tú lo hiciste conmigo… Madara, nunca podrás volver a salir de aquí. Porque la única manera de que lo hagas será por partes, y eso pasará cuando me canse de ti. No seré tan malo como tú fuiste antaño, abandonándome. Te mataré antes de irme, así no tendrás que buscarme — susurró en su oreja mientras la mordía — No te preocupes, haré que olvides todo lo que has vivido — una pequeña risita psicópata salió de sus labios — Quiero que notes que estás en mis manos, que me eches de menos, que grites cuando esté dentro de ti. Quiero que me digas que estas enamorado de mi… Que me satisfagas. Porque eres mío — acercó la otra mano a su espalda arañándole y rasgando la ropa que llevaba — Porque esto es lo que has creado…Sí tú me has hecho así… Tú has logrado que te ame y te odie. Tú plantaste la semilla de la locura en mí, y ahora, no puedes hacer nada para remediarlo — volvió a reír de esa forma —Yo no soy ni Ryu ni Itachi, solo soy la mierda de queda de los dos, uno te quería y el otro te odia y ahora ya no sé qué hacer contigo… Porque si te mato… ¿Qué pasaría con mi obsesión? — susurró mientras soltaba sus manos y le movía el rostro para besarle.